José AniorteEs necesario iluminar la marcha de las generaciones nuevas, y para esto se debe realizar un perseverante trabajo. Sólo hay una doctrina que pueda cumplir con esta síntesis: El Espiritismo, pues reúne las condiciones indispensables, ya que es una doctrina filosófica, científica y cristiana.

Esta doctrina es libre, independiente, exenta de cualquier presión social, porque no acepta subvenciones oficiales que puedan disminuir su independencia, y cada día se actualiza con los nuevos progresos científicos.

Sabemos que la educación es el más potente factor de progreso; contiene el germen del porvenir, pero esta formación necesita ser completada, debe inspirarse en el estudio de la vida bajo sus dos formas alternantes, la vida visible y la vida invisible, con el objetivo de alcanzar una evolución y avance hacia la naturaleza y el pensamiento, siempre de forma ascendente.

El Espiritismo deberá ser la base de la educación moral.

La ciencia moderna ya sabe mucho sobre el mundo exterior, y avanza muy rápido en sus conocimientos sobre la constitución del Universo, pero desconoce por completo el Universo invisible y el mundo interior. Éste es un ilimitado mundo que el hombre de hoy no ha sabido conquistar, porque aún no está capacitado para comprenderlo.

Una etapa se acaba y otras nuevas se anuncian. Estamos en un tiempo de transición, en el que las ideas del pasado, se desvanecen agotadas para dar paso a unas ideas nuevas, con un pensamiento altruista, más elevado, para una generación ávida de progreso que anhela alcanzar esa elevación.

El estado del Espíritu contemporáneo, está reclamando una ciencia y una religión de luz, con lógica y esclarecimiento, que pueda liberarlo de sus dudas y de viejos conceptos. El hombre, con sus limitados pensamientos que aún tiene, no puede comprender la existencia del Más Allá sin límites, que es a donde le lleva su destino.

Impotente para esclarecer su mente con nuevas y edificantes ideas, emplea todas sus fuerzas en conseguir bienes terrenales, y se aparta de su principal objetivo, que es el progreso y elevación de su Espíritu.

El progreso no consiste solamente en las obras materiales o en los descubrimientos científicos. El más alto objetivo del Espíritu, consiste en alcanzar la idea esencial para comprender las verdades, los principios y los sentimientos que nos impulsan hacia las grandes obras y nobles acciones.

La civilización no puede progresar si no tiene un ideal elevado, porque sólo la idea y el pensamiento engendran la acción.

La obra humana sólo encontrará su florecimiento, cuando consiga al mismo tiempo su regeneración.

El Universo está regido por la ley de la evolución, y esto es el progreso; y desde el principio fundamental de la vida, nuestra alma está sometida para siempre a esta ley.

No es posible seguir desconociendo esta ley divina, que arrastra al Espíritu con sus obras a través del infinito, del tiempo y del espacio, hacia un fin cada vez más elevado.

Es necesario instruirse para conocer la importancia de esta evolución, para comprender a donde nos conduce. Este conocimiento despertará las facultades que viven adormecidas en nosotros, para impulsarnos a una firme escalada.

Nuestro deber como espiritistas, es indicar el camino que debe seguir la humanidad del futuro, y de la cual nosotros también formaremos parte integrante, por la inmensa vía que nos abre un Espiritismo renovador.

El cristianismo en su origen, debe considerarse como el mayor esfuerzo intentado por el mundo invisible, para abrir ese amplio camino de comunicación con el mundo material. Las enseñanzas de Jesús y el ejemplo de su vida, garantizó el éxito de este proyecto.

La frontera con el Más Allá, permitió el acceso de las manifestaciones de los espíritus, las cuales se sucedieron por todas partes; multitudes seguían estos acontecimientos.

La fe y la esperanza de una vida mejor, les daba fuerzas para enfrentar cualquier situación.

Las fuerzas negativas del astral, al mismo tiempo, se movilizaban con intención de oscurecer el movimiento renovador que se estaba iniciando y encontraron un buen cultivo en algunos dirigentes del movimiento cristiano, ambiciosos y farsantes, que sólo deseaban obtener poder y riquezas.

Inspirados por esas fuerzas negativas, con mucha facilidad, hicieron convenios con los emperadores y reyes de la época.

Rápidamente se sentaron en los palacios, compartiendo y viviendo su vida con los poderosos. Persiguieron a los cristianos, acusándolos de herejes, salvo a algunos grupos que se habían refugiado en las montañas, y secretamente continuaron sus actividades. Llegaron a falsificar y alterar todos los principios del cristianismo, utilizando de forma cínica, hasta hoy, el nombre puro de Jesús, para justificar todos sus atropellos.

En esta situación llegamos a la Edad Media, y una inmensa oscuridad cubrió la Tierra, y el telón del mundo espiritual que se había abierto para dar luz al movimiento cristiano, se volvió a cerrar.

El error religioso, especialmente el católico, consiste en haber encerrado la religión en dogmas inalterables, con rígidas formas, porque siendo el libre albedrío, una ley de vida, el catolicismo inmoviliza el pensamiento en lugar de impulsar su desarrollo.

La doctrina que no se transforma siguiendo el progreso de la humanidad, quedándose anclada en su pasado milenario, se debilita y poco a poco, va provocando sentimientos negativos, contrarios a sus principios; emergiendo una fe ciega, seguida de la incredulidad y el materialismo, que se abre paso extendiéndose con gran facilidad.

El verdadero cristianismo era una doctrina de amor y libertad, y las iglesias lo transformaron en una religión de temor y servidumbre; crearon un dios para ellos, dándole una imagen humana, colérico y vengativo, que premia a sus amigos y es cruel con aquéllos que en su ignorancia lo niegan.

Esta es la causa de que los pensadores, se aparten gradualmente de la Iglesia, y se debilite el sentimiento religioso.

Hoy con el Espiritismo, el mundo invisible se abre de nuevo, y las manifestaciones son cada día más frecuentes y elevadas. Se abre un camino entre los dos mundos, que día a día se amplía con mayor participación. La fe que este conocimiento despierta, es inteligente e ilustrada y demostrada racionalmente.

El Espiritismo será la religión del porvenir, extendiéndose a todos los pueblos y razas. El Espiritismo moderno es una ciencia experimental, que a través de sus estudios e investigaciones, atraviesa las regiones invisibles y se eleva hasta las fuentes eternas de la vida; de esta manera une al hombre con el mundo mayor, transformándose en una filosofía religiosa.

Hoy la confusión invade a los espíritus; el materialismo está ganando terreno, todas las actividades están dedicadas a la conquista de los bienes terrenales y los goces físicos. Los resortes del alma se debilitan, el malestar y la discordia se introducen en todas partes, hasta en la misma familia, pues estamos viviendo un auténtico periodo de crisis y de transición.

Nada muere, a pesar de las apariencias, sino que todo se transforma y se renueva. La duda que hoy sienten los hombres, es sólo el camino renovador de un futuro mejor.

La idea religiosa acaba de recorrer un ciclo inferior, y ya se siente la influencia de una espiritualidad más elevada. Cuando las ideas religiosas envejecen, pueden hacer mucho daño, porque carecen de principios actualizados, y sus adeptos se fanatizan ciegamente, llegando a ser intransigentes y agresivos. Por esto el periodo de transición que estamos viviendo, debe realizarse lo antes posible.

A través del tiempo, los más infaustos problemas se despejan, y a medida que el mundo espiritual se manifiesta, lentamente, conforme la mente humana se desmaterializa, se revela el aspecto divino de los seres y de las cosas.

Por la fuerza de sus experiencias, antes o después, el alma humana se elevará, y desde las alturas comprobará que todo se relaciona, que tuvimos un principio, pero nunca tendremos un fin.

Con este conocimiento el Espíritu intentará, con esfuerzo, superarse para conseguir el equilibrio necesario para regular la marcha paralela y rítmica de la inteligencia y la conciencia, para el bien de su elevación espiritual.

El estudio del Espiritismo tiene como objetivo principal, despertar en nosotros los sentimientos y la inteligencia, dados al estudio de los fenómenos que nos sirven de base racional, cuando se comprueban las enseñanzas que de ellas se desprenden.

Hoy no se puede aceptar que se tenga fe y se crea en algo que no tiene lógica y que no se puede indagar o investigar. El Espíritu nuevo quiere saber en lo que cree. Ninguna concepción religiosa, filosófica o moral, puede tener aceptación si no se apoya en una demostración lógica, matemática y positiva, que pueda convencer porque no tenga nada oculto, vetado a la investigación.

Esta doctrina se dirige a todos los hombres de buena voluntad, y no solamente a sus sentidos o inteligencia, sino también a la razón y la conciencia, para conseguir una visión clara del bien y del mal, de lo verdadero y lo falso, de la luz y las sombras.

El punto más importante de esta doctrina, ha sido sin duda, la revelación del mundo espiritual. El mundo invisible entra en acción, y se manifiestan elevados espíritus, atraídos por la fuerza y belleza de sus enseñanzas. El Espiritismo como idea nueva y renovadora, transmitida por los espíritus elevados, enviados por nuestro querido Jesús; se extiende por todo el mundo, iluminándolo con sus rayos centelleantes, disipando las sombras de la ignorancia y libertando las mentes, para que puedan descargar sus pensamientos en plena libertad.

En el Espiritismo no existen los dogmas preconcebidos; cada uno de sus principios debe ser estudiado, examinado, discutido, juzgado y sometido al examen de la razón.

Una obra vale por sí misma y no se puede rechazar sin conocerla. Es muy lamentable que en las universidades, se enseñe cada uno de los descubrimientos conseguidos por el hombre y sin embargo, se rechace y se niegue la revelación de los espíritus, sin tener idea de la importancia de este hecho.

Los llamados sabios en nuestro planeta, ignorantemente cierran los ojos y el paso a los principios luminosos divulgados por las nobles inteligencias del espacio.

¡Pobres seres que se dejan dominar por la vanidad, el orgullo y la pequeñez de su sabiduría!

El Espiritismo no es ni una secta ni una ortodoxia, es una filosofía abierta a todos los espíritus libres, que progresan con su propio esfuerzo y merecimiento.

No impone obligaciones, pero sí las propone, y esto lo confirma con hechos experimentados y las pruebas morales.

No excluye ninguna otra creencia, pero se eleva por encima de ellas.

La doctrina espírita, tiene que evitar las funestas consecuencias del fanatismo, su revelación es una exposición libre y natural; nos abre una nueva etapa hacia el mundo espiritual y la verdad eterna. Allan Kardec nos puso siempre en guardia, respecto al dogmatismo y al espíritu sectario.

Nos recomienda que no dejemos cristalizar el Espiritismo, para evitar los nefastos métodos que han arruinado el espíritu religioso de todos los tiempos. Ya se está conociendo el mundo de las causas y el mundo de los hechos, y la humanidad está siendo preparada para conocerlos y comprenderlos.

Los principios de la religión católica, son los mismos que nosotros tenemos hoy.

Estos principios hoy están actualizados, y lo estarán también en el futuro, porque los enseñamientos de Jesús, y su moral, siempre estarán vigentes ya que su postulado es divino y perfecto.

¿Podríamos decir que ha sido el transcurso del tiempo, lo que aparentemente los ha disminuido? No, las enseñanzas del Maestro, nadie puede disminuirlas porque están por encima de la pequeñez de los hombres.

La imagen del Buen Jesús no puede ser manchada, ni por la maldad de los hombres, ni por la conducta de la Iglesia, pues nadie tiene la exclusiva de su representación.

Jesús es el único que representa a Dios aquí en la Tierra, y claramente nos dijo:

“yo soy la verdad y la vida, aquél que dé su vida por amor a mí, se salvará”.

El pensamiento divino, se manifiesta en todos nosotros de diferentes maneras, según las necesidades y el estado espiritual que cada uno haya alcanzado.

El mundo espiritual más elevado ha salido de su silencio, y en todo el mundo espírita se está manifestando, aportando los elementos de una doctrina, que resume y unifica los valores positivos de las filosofías y de las religiones de las humanidades.

El Espiritismo no viene a destruir, sino que viene abriendo nuevos horizontes de inmensa evolución, para los espíritus que están cansados de vivir fracasos repetidos de sucesivas existencias, sufriendo siempre las consecuencias dolorosas de sus debilidades, y que hoy arrepentidos, están dispuestos y preparados para rectificar.

Y en esta reflexión, el Espíritu afligido implora a nuestro querido Jesús, para decirle:

“Señor, me siento el más pequeño de todos los seres, yo te ofrezco mi vida, dispón de ella para utilizarla en aquello que te pueda ser útil, nunca más te voy a negar porque ahora confío en ti”.

José Aniorte Alcaraz

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