
Hermano mío: Con profunda extrañeza y desconsuelo he leído una carta tuya, que la Providencia dejó en mi poder algunos momentos.
Con la galanura de lenguaje que te distingue, vi grabados en ella varios pensamientos metafísicos, como todos los tuyos, grandes en su filosofía, amargos en su análisis.
Te concedo que la época actual de transición violenta, y dura prueba, en que la civilización legendaria se derrumba, y la deísta razón del porvenir se eleva, en un periodo de lucha y de fatiga, porque el fanatismo, el dualismo y el racionalismo se disputan la primacía.
Siempre la efervescencia de las pasiones se ha desbordado en los tiempos de revolución, y la de nuestros días es titánica; no me refiero al pugilato brutal de las guerras que en nuestro siglo han ido sucediéndose unas a otras, me fijo únicamente, en la premeditación de las ideas.
Los descendientes de Voltaire siguen las huellas de aquella serpiente arrojada a un pantano (como le dice Víctor Hugo); hacen gala de su fatal escepticismo.
Los católicos de Roustaing presentan su génesis fantástica e ilógica y los cristianos espíritas de Allán Kardec nos dicen: “en la naturaleza se aspira el aliento divino de Dios”.
Ya se acabaron las batallas sangrientas de las cruzadas, en que se conquistaba palmo a palmo la tierra santa, tierra regada con la sangre de tantos mártires.
Hoy felizmente se le concede poder a la idea y se conceptúa un libro, un proyectil moral, con más alcance que las antiguas máquinas de guerra y las modernas ametralladoras.
Hoy el folleto, el periódico y la discusión oral, son otras tantas acciones donde combaten los principios con los principios, las teorías, la razón relativa y la verdad absoluta.
Ya no existe el martirio del cuerpo, hoy sólo queda el martirio del alma.
Todas las escuelas tienen sus apóstatas, todas las religiones sus mercaderes.
¿Es extraño que el Espiritismo los tenga también?
¿Dejará de ser una firme verdad la comunicación ultra-terrena, porque en Francia abusen de la credulidad general falsos médiums psicografos, y en Inglaterra exploten, los embaucadores, la curiosidad pública, y en el Norte de América los prestidigitadores vivan de su oficio? ¿Dejarán por esto de ser una realidad las apariciones y los efectos físicos?
Yo creo que bien conoces la Biblia que con tanto acierto resumió Enrique Steki, diciendo entre otros pasajes:
“Y se apareció el ángel de Jehová en una llama de fuego, en medio de una zarza: Éxodo.
Y subió Elías al cielo en un torbellino: Reyes (libro 4º).
Y ahora el Señor me envió a curarte a ti, y libertar del demonio a Sara, esposa de tu hijo, porque yo soy el ángel Rafael, uno de los siete espíritus principales que asistimos delante del Señor (Tobías)”.
“Samuel murió y se apareció al rey Saúl, y le notificó el fin de su vida (Eclesiastés)”.
Nótese la mano del festín de Baltasar y el Espíritu Santo en lenguas de fuego.
“Escritura directa.
– Y el Señor dijo a Moisés: sube al monte y estate allí y te daré mis tablas de piedra y la ley y mandamientos que he escrito para que los enseñes (Éxodo)”.
Mas a qué seguir textos que tú los conoces mejor que yo y que tantas veces te he oído disertar sobre ellos, por lo cual me ha causado más asombro tu proyecto de retraimiento en la propaganda espiritista.