Amalia Domingo Soler

EL FANATISMO

Flor del pensamiento

Fatal es la influencia de ese enemigo capital de todos los hombres, pero causa mucho más estrago en las inteligencias débiles y limitadas; a esas desgraciadas criaturas las convierte en bufones de la sociedad, y desdichado de aquel que nos inspira una compasión risueña o festiva; porque este sentimiento “sui géneris» no sólo destruye el valor moral de aquel ser únicamente, sino que se apodera de la escuela o religión a que pertenece, haciendo recaer en ella el ridículo más absoluto; por esto, repito, y no me cansaré de repetirlo, esos pobres fanáticos, con la más sana intención, están sirviendo de testigos falsos para dar fe de un hecho que no conocieron.

El Espiritismo tiene también estas limas sordas, enemigos inconscientes, pero temibles, que si bien no le derriban, porque éste es inconmovible, pero arrojan el agua del sarcasmo social sobre sus piedras angulares, y los cimientos, si no flaquean, al menos parece que se van hundiendo en arenas movedizas.

Estos puntos negros son los de los hombres fanatizados, que se empeñan en ser médiums a viva fuerza; porque muchos creen que no siendo médium, no se puede ser espiritista: necedad para la cual no encuentro objetivo que la califique, ¡Y cuánto daño no hace ese inocente deseo…! ¡Y a cuántas burlas da lugar, entorpeciendo y debilitando nuestra propaganda!

Dice un refrán: “Los tontos ni para santos sirven” y añade otro: “Es necesario tener un poquito de Dios y otro poco del diablo”, dando la última pincelada aquél de: “El que tontamente peca, tontamente se condena”.

Yo tengo un gran placer en estudiar en ese álbum universal que han formado los proverbios populares, dísticos anónimos, aforismos sapientísimos, profundas sentencias que, sin abrigar pretensiones, son el índice de la historia de este mundo; y cuando encuentro en mi camino a una de esas almas cándidas que se impresionan, y no raciocinan, no puedo menos que exclamar: bien dicen que los adagios son manifestaciones de la verdad, simplificadas y puestas al alcance de todas las inteligencias.

Hace tiempo que conozco a un tipo especial, que quiero retratar, para que todo aquel que tenga conciencia de sí mismo y estudie la doctrina espiritista, lo contemple con detenimiento y trate de no parecerse a él; primero, para no perjudicar a la idea colectiva; segundo, para no convertirse en actor o payaso, que es el papel más triste y más secundario que podamos representar en la comedia de la vida; porque el que no sabe hacerse valer y respetar por sí mismo, ¿Qué consideración puede pedir a los demás? Ninguna, absolutamente ninguna.

El dolor no cabe duda que nos regenera, porque nos hace buscar la luz, engrandeciendo la órbita en que giramos.

Decía Jesús: Que más fácil era que pasara un cable por el ojo de una aguja, que entrara un rico en el reino de Dios.

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