José Aniorte

El periespíritu tiene una forma fluídica original, vibrátil y expansible, que se conserva y perpetua. En el diseño que él presenta, aunque invisible para nosotros, es donde se concentran las moléculas de nuestra materia grosera.

El periespíritu es como un espejo, donde se refleja la imagen del Espíritu con forma humana; por esto en la hora de la muerte el cuerpo material se desplasma, se desintegra y se descompone, pero el Espíritu continúa con su envoltura fluídica que tiene la apariencia del cuerpo que acaba de dejar.

Apariencia que puede transformarse para mejor o peor, según la clase de vida que haya llevado.

En el cuerpo fluídico se refleja con toda nitidez y sin disimulos la imagen que secretamente hemos ocultado, es el mundo de la verdad, donde nadie puede mentir ni engañar, ni disfrazar la realidad.

El periespíritu refleja nuestra verdadera imagen, tal como somos y pensamos.

La envoltura permanente del Espíritu es el periespíritu, mientras que el cuerpo físico no es más que una envoltura temporaria, una vestidura prestada con la que nos cubrimos para cumplir nuestra peregrinación terrena.

El cuerpo fluídico existe antes del nacimiento y sobrevive a la muerte.

Constituye en su unión permanente con el Espíritu el elemento indispensable de nuestra individualidad, a través de las incontables existencias que todos debemos recorrer.

Con la existencia del periespíritu y por su desprendimiento del cuerpo físico durante el sueño, se explican las apariciones de los fantasmas de los vivos. En algunos casos, el cuerpo fluídico de las personas vivas se desprende del cuerpo material para manifestarse a distancia. También por la existencia de este cuerpo fluídico, se explica la aparición de los espíritus de las personas que han muerto.

Sobre este tema hay estudios hechos muy importantes, que se pueden obtener en el libro:

“Investigaciones sobre los fenómenos del Espiritismo” por William Crookes.

A mediados del siglo XIX y principios del XX, se dieron muchos fenómenos para abrir las puertas secretas del Más Allá y dar paso al camino luminoso que el Espiritismo debía seguir.

Los protagonistas en cuya presencia se dieron estos fenómenos, fueron personas de gran relevancia, científicos y escritores de intachable conducta. No es mi intención relatar aquí todos sus nombres porque son muchos, pero sí haré mención de uno de ellos para seguir con este tema:

El profesor Cesare Lombroso, de la Universidad de Turín (Italia), conocido en el mundo por sus trabajos de fisiología criminalista, nos habla de las numerosas apariciones que se produjeron en su presencia con la médium Eusapia Paladino; y así lo escribe en su libro “Ricerche sui fenomeni ipnotici e spiritici”, sobre la primera aparición que tuvo de su madre.

“En Génova, en el año 1.902, la médium estaba en estado semi-inconsciente y no esperaba obtener ningún fenómeno de importancia. Antes de la sesión le había pedido que trasladase a plena luz un pesado tintero de vidrio. En su habitual tono vulgar, ella me respondió:

¿Por qué te ocupas con esas niñerías? Soy capaz de cosas mayores, puedo hacerte ver a tu madre, ¡en esto es en lo que deberías pensar!”.

“Impresionado por tal promesa, me sobrevino un intenso deseo de verla realizada, y a mi pensamiento la mesa respondió con tres golpes. Estábamos en penumbras, sólo iluminados con una tenue luz roja, de repente vi como salía del gabinete una forma muy pequeña, como era la de mi madre. El Espíritu estaba envuelto en un velo; hizo un giro completo alrededor de la mesa hasta llegar a mí, murmurando unas palabras que muchos pudieron oír, yo le supliqué que me las repitiera embargado por la emoción, ella respondió: ¡Cesare, hijo mío! Después, a pedido mío apartó unos instantes el velo y me dio un beso”.

En la misma obra se lee que la madre del autor volvió aparecerle unas veinte veces más a lo largo de las sesiones con Eusapia.

Las materializaciones y apariciones de espíritus, cada vez encuentran más obstáculos que limitan sus realizaciones. En un principio fue necesario y se emplearon todos los recursos disponibles para despertar los sentidos de los seres humanos, adormecidos e indiferentes durante muchos siglos; el Mundo Espiritual abrió sus puertas para que la humanidad conociera la realidad de la vida y el significado de la temida muerte. Las manifestaciones espíritas continúan, cada día con mucha más intensidad, pero de forma diferente, de acuerdo con el progreso de la humanidad.

Nuestros sentidos se han ensanchado, ya tenemos una idea más extensa de lo que es el Universo y el Mundo Invisible. Con el estudio y las comunicaciones de los espíritus más elevados, nuestros conocimientos se han enriquecido y poco a poco irán aumentando a medida que nuestros medios de percepción se vayan perfeccionando.

No es necesario tener un sentido más desarrollado, una psiquis más abierta, para ver ante nosotros alguno de los extensos horizontes de la vida en el Mundo Invisible. Pues bien, estos sentidos hay personas que ya los poseen, en distinto grado.

Son aquellos que consiguen su transformación, siguiendo y cumpliendo los enseñamientos de Jesús; venciendo las pasiones materiales, luchando y venciendo al hombre, para que el Espíritu con toda humildad pueda sentirse libre y victorioso.

La comunicación con los espíritus siempre ha existido.

Recordemos los videntes de la Galia, los oráculos y las pitonisas de Grecia, las sibilas del mundo pagano, los profetas grandes y pequeños de la Judea que no eran otra cosa que los médiums de nuestros días.

Los espíritus superiores siempre han utilizado a estos médiums como intermediarios para hacer oír sus enseñanzas y manifestaciones a la humanidad. Los seres humanos cambian pero los hechos o revelaciones son siempre los mismos, con una diferencia; estos hechos se presentan con mayor relevancia cuando llega para la humanidad la hora de cambiar de rumbo, de emprender una nueva ascensión hacia las cimas del pensamiento, con la transformación moral que es el único y verdadero objetivo de nuestras existencias.

También hay que decir que los espíritus elevados no son los únicos que se manifiestan. Espíritus de todas clases desean con mucho empeño conseguir manifestarse con los humanos, siempre que les es posible.

Así debemos saber distinguir la calidad de ellos, para no dejarnos engañar; es necesario estar bien preparados para saber cuando nos está hablando un Espíritu elevado o un Espíritu atrasado. Hay espíritus de todas clases de elevación, pero entre nosotros abundan mucho más los inferiores.

Estos son los que producen los fenómenos físicos, las manifestaciones ruidosas y todo lo que es de orden vulgar.

Los fenómenos espíritas han sido observados, verificados y comprobados por científicos, sabios y escépticos que han pasado por todos los grados de la incredulidad, y cuya convicción no se ha afirmado hasta que poco a poco la realidad de los hechos los ha convencido.

Estos sabios, cuyos nombres son ya suficientemente conocidos, eran hombres de laboratorio, físicos y químicos experimentados, médicos, escritores y magistrados. Reunían todas las condiciones necesarias para desenmascarar cualquier fraude, aunque estuviese muy bien preparado. Todos los hechos espíritas han sido comprobados y atestiguados por hombres de gran relevancia, cuyos nombres están entre aquellos que la humanidad entera honra y respeta.

Siguiendo el ejemplo de estos hombres ilustres, hoy encontramos en el mundo a muchos millones de espíritas, completamente convencidos de esta realidad, porque la estudian, la sienten y la viven; ya no existen los misterios del Más Allá, con sus infiernos y sus cielos.

La verdad ya es, gracias a Dios, sobradamente conocida.

El mundo de los espíritus es una realidad indiscutible, los espíritus participan en nuestra vida, mucho más de lo que podemos imaginar; unos nos influyen y otros nos aconsejan, depende siempre de nuestra actitud.

Desde ahora y en adelante, la humanidad tendrá que cambiar y hermanarse fraternalmente en una sola religión, que es la religión de los espíritus, la religión de Jesús, que es la religión Universal.

Aún hay muchos que ignorantemente se burlan y niegan esta realidad. Es triste aceptar que en este siglo aún existan seres tan ignorantes que nieguen algo que desconocen y que nunca han querido molestarse en saber si hay algo de realidad en aquello que tan rotundamente niegan.

Si quieren pruebas yo les recomendaría que leyesen libros de algunos de los muchos sabios que han investigado todo sobre este tema:

William Crookes, Russel Wallace, Moliner, Aksakof, Dale Owen, Robert Hare, Myers, Lombroso, Lodge, Volpi, Ochorowicz.

Por mucho tiempo a los espíritas nos han tachado de ilusos y de locos, a mí hasta hoy aún me llaman “el brujo”. A todos los que traen o propagan una idea nueva, se les trata con desprecio y como locos; y así lo hicieron con Galileo, Giordano Bruno, Galvani, Watt, Palissy y Salomón de Caus.

El camino de los innovadores suele ser áspero y escabroso.

Siempre ha sido regado con muchas lágrimas y sangre, han sido despreciados por unos, odiados y perseguidos por otros.

Tenemos el ejemplo de los apóstoles y de los primeros cristianos, de estos grandes ejemplos es como los espíritas han aprendido a soportar con paciencia sus males y los reveses de la vida.

El buen espírita se fortalece y se engrandece con el sufrimiento y las difíciles pruebas que tiene que pasar, porque tiene la certidumbre de que el Espiritismo es un beneficio, una fuerza y una luz para la humanidad. Cada siglo de la historia, reconoce y rectifica sus errores. Lo que parecía justo y normal en un tiempo, se ve injusto y detestable en otro.

Hoy ya se entiende y se comprende que el Espiritismo es el acontecimiento más importante de los últimos tiempos; es una de las formas más notables de la evolución del pensamiento, el germen de la más importante revelación moral que el mundo haya conocido.

La Doctrina espírita ha sido codificada sobre la base de numerosos mensajes, que se han obtenido a través de médiums escribientes, enteramente ajenos a estas enseñanzas. Casi todos estos médiums, recibieron desde su infancia la enseñanza de la Iglesia Católica, con las ideas del paraíso y el infierno.

Sus convicciones religiosas y la creencia que tenían sobre la vida y supervivencia del Espíritu después de la muerte, eran totalmente opuestas a las revelaciones que recibían de los espíritus. No tenían ni la más mínima idea sobre la reencarnación, o la vida en el mundo de los espíritus; así que la realidad objetiva y la veracidad de las comunicaciones resaltan con mayor fuerza, ya que los médiums no estaban preparados por su educación y sus conocimientos personales, para recibir las ideas expresadas por los espíritus.

La mayor parte de las críticas que se hacen al Espiritismo, son hechas por personas irresponsables que dan una mala imagen y son un obstáculo para la marcha del Espiritismo. Estos abusos no deben ser atribuidos a la idea, sino a la mala aplicación que de ella se hace, incluso por los mismos adeptos. Esto es una consecuencia de la inferioridad de nuestro mundo; todas las ideas elevadas y renovadoras han sufrido la terrible oposición de la ignorancia.

La imprudencia convierte al Espiritismo en un juego frívolo, atrayendo a espíritus inferiores y ligeros. Estos no tienen ningún escrúpulo en divertirse, practicando el engaño y estableciendo relaciones, que muchas veces, se convierten en obsesiones, para las personas que participan en estos juegos.

Otros, sin la preparación suficiente, se entregan a la practica de la escritura mediúmnica, obteniendo abundantes mensajes firmados con nombres célebres, que sólo son manifestaciones fantasiosas.

Hay que reconocer que existe un Espiritismo de baja esfera, dominio exclusivo de los espíritus inferiores, que viven en la mentira y practican el fraude para engañar a todos los que confían en ellos.

Debemos estar siempre prevenidos y desconfiar de los espíritus, hasta ser capaces de reconocer sus verdaderas intenciones. Es necesario adquirir la experiencia necesaria para saber distinguir la naturaleza de los seres invisibles, para librarse de las asechanzas de los espíritus atrasados.

El peligro que presenta el Espiritismo, fácilmente se puede vencer si se estudia y se pone en práctica sus enseñanzas.

Recordemos siempre las palabras del maestro Allan Kardec:

“se reconocerá al verdadero espiritista por su transformación moral”.

Si conseguimos esta transformación ya no debemos temer nada, porque nos situamos fuera de la sintonía de los espíritus mal intencionados, y sólo atraeremos a los semejantes, afines a nuestro estado moral. Las disposiciones serias, el recogimiento y la elevación del pensamiento, nos acercan a los espíritus superiores, y entonces el Espiritismo será para nosotros un manantial de luz y de elevadas inspiraciones.

Es hora de reconocer que estamos viviendo un importante cambio en la historia de la humanidad, cayó el muro que separaba a dos mundos: el mundo visible y el mundo invisible.

Nos encontramos ante la presencia de un infinito vivo. Un mundo nuevo se abre ante nosotros, con el descubrimiento de la vida fluídica que es la vida invisible, en perfecto acuerdo con las enseñanzas del Espiritismo. Con esto el ser humano tiene que obtener el convencimiento y la certeza de la inmortalidad de su Espíritu y de su indestructibilidad.

El mundo invisible, rechazado por la Iglesia Católica durante muchos siglos, con el pretexto de hechicería, prohibía sus manifestaciones y durante largos años ha sido así. Hoy ya se manifiesta abiertamente. Las manifestaciones de los espíritus se producen de todas las formas, desde las más bajas, que aún son una mayoría, hasta las más elevadas, éstas se van produciendo según un programa y una finalidad dirigida desde el Mundo Mayor, con el fin de demostrar al ser humano que no se compone sólo de materia animalizada, sino que hay en él una esencia que sobrevive al cuerpo y puede comunicarse con otros seres humanos después de la muerte, una individualidad que se desenvuelve libremente a través del tiempo y del espacio, hasta el infinito.

El mundo visible está descubriendo, paulatinamente, el misterio del mundo invisible, a pesar de los desprecios, de las hostilidades y resistencias, es evidente que su influencia se está extendiendo y multiplicando cada día mas, hasta que el ser humano llegue a conocerse mejor y a comprender la ley que rige su vida y su destino, cambiando el rumbo de su vida.

Así hay en estos hechos, el principio de una revolución que irá influyendo progresivamente en los conocimientos y en la forma de vida de los seres humanos.

La luz de la verdad, nada ni nadie puede oscurecerla y la vida se presenta ahora bajo un doble aspecto, es al mismo tiempo corporal y fluídica. La existencia humana es terrena y después extraterrena.

Se vive sobre la Tierra, en un cuerpo material y después en el Espacio, siempre con una forma humana pero fluídica, impalpable e imponderable. Estas dos formas de vida se alternan y se suceden, de acuerdo con las necesidades o merecimiento de cada Espíritu.

Las consecuencias del fenómeno espírita, cada vez son más relevantes y más importantes. A través de estos hechos se ha reconocido la existencia de los Seres invisibles que son las almas de los muertos, y también son los espíritus que unidos por lazos de una estrecha solidaridad, evolucionan hacia un objetivo común, caminando siempre hacia un estado más elevado. Así se iluminan todas las ideas referentes a las leyes, al progreso, a la justicia y al deber. La responsabilidad moral aumenta y la transformación interior se realiza.

Este movimiento renovador llega en la hora precisa en que todas las doctrinas se hunden bajo el peso del tiempo, cuando los seres humanos desengañados, buscan un camino nuevo en medio de la oscuridad que los envuelve. La humanidad afectada por numerosas fuerzas destructivas eleva al cielo un grito de dolor y desesperación y las Fuerzas Superiores, traen a esta pobre humanidad el cambio que necesita, pues ¡llegó la hora de la selección!

Los fenómenos espíritas por una parte, y por otra la enseñanza de los espíritus, que enviados de Jesús, vienen a revelarnos las profundas verdades que forman las bases del Cristianismo primitivo, con toda su pureza. Los inaceptables dogmas creados por las Iglesias en torno a la vida de Jesús, envueltos hasta ahora en el más profundo misterio, han llegado a su fin. La luz se ha hecho para dar a conocer el verdadero sentido de su doctrina, una doctrina de amor que la pueden seguir todas las religiones, porque es Universal. Al mismo tiempo el pensamiento de Jesús se ha revelado por completo, y hemos podido contemplar la grandeza de su obra.

Jesús nunca ha sido un fundador de dogmas ni un creador de símbolos.

Él es el iniciador de la religión del amor y del sentimiento, que es la religión del porvenir, la Religión Universal, que tiene que sentar sus bases en la caridad, el amor entre todos los seres, sin distinción de razas, la paciencia, la dulzura, la sencillez y la humildad.

Estos postulados hacen del Cristianismo un ideal superior y universalista, como lo son todos aquellos que aman a la humanidad, y se sienten cristianos.

La religión Cristiana no es exclusivista, ella une a todas las religiones y a todos los creyentes, liga a todos los seres que sienten, piensan, aman y sufren en un fraternal abrazo de amor.

Veinte siglos han pasado y aún no se comprende este ideal de fraternidad y de amor que tiene que penetrar en la conciencia de la humanidad terrena.

Cuando Jesús afirmó que todos tenían el derecho de participar en el reino de Dios, es decir, de la verdad y de la luz, Jesús estaba preparando la regeneración de la humanidad, con todas las transformaciones sociales.

Dejó bien claro cual es el destino del hombre y la posibilidad que tiene para elevarse hasta las esferas más altas, por los caminos de la prueba y del dolor, por las vías del sacrificio, la renuncia, el trabajo y la fe.

Cristo hizo más aún, reveló y aproximó a dos mundos que inevitablemente tienen que vivir juntos, el visible y el invisible; dos mundos que se complementan uno con el otro. La Iglesia los ha separado de nuevo, ha roto la cadena que unía a los muertos con los vivos, entregada a las ambiciones terrenas, ha olvidado las palabras del Maestro:

“Mi reino no es de este mundo”.

El pensamiento de Jesús, se ha ocultado, la sombra invadió al mundo y esa sombra espesa aún, tiene mucha influencia sobre nosotros. Después de tantos siglos de silencio, el Mundo Invisible se manifiesta de nuevo, se ilumina y su luz se expande por todo el mundo.

Las legiones de Cristo han puesto manos a la obra. La hora de la nueva revelación ha llegado. El Espiritismo viene a sacar la luz escondida debajo del “celemín” para que todo el mundo la pueda ver.

El Espiritismo llega con nuevos descubrimientos, con nuevas enseñanzas transmitidas por los espíritus, con una multitud de testimonios que dan prueba de la veracidad de estas manifestaciones. La fortaleza del edificio que los espíritus construyen, eleva el pensamiento poco a poco; hoy ya es un edificio sólido y seguro, por su moral y claro convencimiento, y en su interior millones de almas han encontrado asilo, en medio de las tormentas de la vida. Hay una multitud de seres que sufren y lloran, que ya ven en la nueva revelación, una esperanza y ánimo para seguir viviendo. Todos aquellos que tienen una vida dura y difícil, que se ven asediados por las sombras, y que están al borde de la desesperación, hallarán en el Espiritismo la explicación lógica y justa para entender el sentido de la vida, y les enseñará al mismo tiempo a luchar con valor, a no temer a la muerte, y conquistar un porvenir mejor.

Fuerte en su pasado y seguro en el presente y en su porvenir, el Espiritismo llega para desenmascarar a las doctrinas sin base, con dogmatismos envejecidos. Avanza resueltamente con la luz de la verdad, venciendo los obstáculos y las oposiciones, seguro de su triunfo final porque tiene a su favor a la ciencia y a la verdad.

Por encima de las ruinas de los templos, de las civilizaciones extinguidas, por encima de todas las pasiones humanas, se eleva una gran voz y esta voz exclama:

¡Han llegado los tiempos!

¡Legiones de Espíritus descienden a la Tierra para entablar la batalla de la luz contra las tinieblas!

 

 

José Aniorte Alcaraz

Las Verdades del Espiritismo