Miguel Vives y Vives

LO QUE DEBE SER EL ESPIRITISTA ENTRE LA FAMILIA

GUÍA PRACTICA

El espiritista debe sentir amor igual para todos sus hijos, y no debe olvidar que los que más necesitan de su misericordia son los que de alguna manera tienen menos bondad y menos conocimiento; hay hijos que, con sólo darles la mano al padre, los lleva a todas partes, mientras que hay otros que, además de darles la mano se les ha de empujar.

He visto padres espiritistas que, a pesar de amar a todos sus hijos, han tenido preferencia por aquellos que los han visto más pacíficos y más obedientes; si esto no hubiese sido más que en apariencia, hubiera podido ser una buena medida para conducir a los demás; pero no fue así, sino que siguieron las preferencias a unos, y a los otros casi se los relegó al olvido.

Esto es una mala práctica que puede costar cara al que tal haga.

Es verdad que a veces el padre no puede hacer demostraciones iguales a todos sus hijos, por la diferencia de conducta y de comprensión de los mismos; pero el padre y la madre deben llevar el amor en su corazón, y si cabe, mucho mayor por el hijo que más lo necesita; ya por su atraso moral o por otras causas de la vida.

Porque no debe olvidar todo espiritista que tenga hijos que no los ha tenido por casualidad, sino bajo un plan providencial, para el bien suyo y el de sus hijos; quizá son enemigos que tienen deudas graves contraídas y que Dios los pone el uno al lado de otro, unidos por lazos de familia, para que paguen una deuda que de otro modo no podrían pagar.

Quizás la mujer abandonada de otras existencias, que sirvió para satisfacer caprichos, viene a reclamar nuestro apoyo porque sabe que tiene derecho a tenerlo; por eso el espiritista, si bien debe poner buen cuidado para la educación de todos sus hijos, la debe tener más grande por aquellos hijos que vienen cargados de defectos y son causa de grandes disgustos.

¡Cuántas historias hay entre los seres encarnados que si pudiéramos verlas nos harían bajar la cabeza y nos pondrían en constante cuidado para no equivocarnos!

Es verdad que estas historias no las podemos saber, pero nos basta saber que no hay efecto sin causa y que Dios, con su gran sabiduría, nada hace inútil sin un motivo altamente justificado.

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