Miguel Vives y Vives

LO QUE DEBE SER EL ESPIRITISTA ENTRE LA FAMILIA

GUÍA PRACTICA
Foto de Miguel Vives y Vives

 Si el espiritista ha de ser prudente, virtuoso, tolerante, humilde, abnegado y caritativo entre sus hermanos y entre la humanidad, ¡Cuánto más tiene el deber de serlo entre la familia!

Si son sagrados los deberes que tenemos que cumplir entre nuestros hermanos y entre la humanidad, lo son mucho más los que tenemos que cumplir con la familia; porque hemos de tener en cuenta que además de los vínculos que en esta existencia nos atan con lazos indisolubles, tenemos siempre historias pasadas que se enlazan con la historia presente.

Los que no son espiritistas, todo lo atribuyen a la casualidad; pero nosotros sabemos que no hay efecto sin causa y que las contrariedades o satisfacciones de hoy son continuación de nuestras vidas pasadas.

Por eso, el espiritista debe ver en su familia un depósito que se le ha hecho, sobre el cual tiene muchos deberes que cumplir y muchos sacrificios que hacer; por eso, el esposo debe ser el apoyo y sostén de su esposa, debe respetarla, amarla y protegerla en todo, aconsejarla, dirigirla y darle con justicia, en todos los trances de la vida, lo que le pertenece.

También la esposa debe obediencia, amor, respeto y sinceridad a su esposo, siendo, para ella, siempre la primera persona a la cual debe confiar todos sus secretos y todas sus tendencias, sin separarse jamás del respeto y obediencia que debe al que Dios le ha dado como guía en este mundo de dolor.

Ya sé que para muchos huelgan estas palabras, mayormente cuando los esposos tienen unas mismas tendencias, son de buen carácter y sienten las mismas inclinaciones; pero cuando entre los dos hay caracteres opuestos o un mal genio que hace difícil la unión, ya es otra cosa.

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