Amalia Domingo Soler

LA MISIÓN DEL ESPIRITISMO

la vid y la uva

“Llegado a la edad de hombre, se rodeó de algunos fervientes discípulos, y comenzó a predicar una moral que la India no conocía ya desde la dominación brahmánica; atacando valerosamente las castas, enseñó la igualdad de todos los hombres ante Dios, y puso de manifiesto la hipocresía y el charlatanismo de los sacerdotes.

Recorrió la India entera, perseguido por los brahmanes y los reyes, atrayéndose a los pueblos por su singular belleza, su elocuencia dulce y persuasiva, llena de imágenes y por la sublimidad de su doctrina: ayudarse los unos a los otros, proteger, sobre todo, a la debilidad; amar a su semejante como a sí mismo; devolver bien por mal; practicar la caridad y todas las virtudes”.

“Un día que Cristna oraba recostado contra un árbol, una tropa de esbirros enviados por los sacerdotes, cuyos vicios habían descubierto, le asaeteó y colgó su cuerpo en las ramas para que fuese presa de las aves inmundas”.

“La noticia de esta muerte llegó a los oídos de Ardjima, el más querido de los discípulos de Cristna, y corrió aquél, acompañado de una gran muchedumbre del pueblo, para recoger los restos sagrados.

Pero el cuerpo del hombre Dios había desaparecido; sin duda había vuelto a las celestes moradas, y el árbol en cuyas ramas fue colgado, apareció repentinamente cubierto de grandes flores rojas, esparciendo a distancia el más suave de los perfumes”.

“Los sacerdotes, que habían mandado asesinar a Cristna, fueron los primeros en sentir su influencia; pero sea por habilidad, sea por convicción, la aceptaron como la grande encarnación de Vischnú, prometida por Brahma al primer hombre, y colocaron su estatua en todos los templos”.

Ahora bien: ¿No se asemeja esta historia a la historia de Jesús? ¿No hay grandes puntos de contacto en su nacimiento, en su vida, en su muerte y en su resurrección? ¿Por qué ese empeño total en no querer conceder a la Tierra más que un redentor?

Cuando la humanidad terrena formada de “espíritus en turbación”, como dice un joven pensador, olvidadiza por costumbre, ingrata por hábito, rebelde por condición, ignorante por pereza, necesita si fuera posible, un redentor por cada siglo.

Tres mil años antes de la era cristiana, estaban codificadas las leyes indias, y Cristna dijo en aquellas remotas edades lo que más tarde repitió Jesús, y sabe Dios, si Cristna de qué otro Redentor lo repetiría.

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