José Aniorte Alcaraz

SABER, QUERER Y CREER

VELA ENCENDIDA DENTRO DE LA OSCURIDAD
José Aniorte

Con este capítulo doy término a este libro, que tiene como principal objetivo divulgar una verdad aún desconocida por muchos hermanos nuestros; me sentiría feliz si su contenido diera ánimo y paciencia para aceptar con sumisión las leyes eternas.

El ser humano vive en una irresponsable inconsciencia, se embriaga en los placeres para olvidar mejor el objeto de su vida, sus imperiosos deberes y sus pesadas responsabilidades.

La vida humana no es una cosa vana que pueda usarse con ligereza, es una lucha para la conquista de una vida mejor, una obra elevada y grave, de edificación y perfeccionamiento, regida por leyes justas y equitativas, por encima de las cuales prevalece la eterna justicia de Dios.

Las religiones y las filosofías del pasado están llegando a su fin; han desplegado sobre el alma humana el manto de sus concepciones y de sus esperanzas, sin embargo ha quedado la duda en el fondo del alma.

Una crítica sabia y transparente ha pasado por el tamiz.

Todas las teorías de antaño y de aquella imagen celestial, sólo han quedado en un montón de ruinas.

Las religiones han perdido mucho de su prestigio y los frutos negativos del materialismo aparecen por todas partes.

Al mismo tiempo que la ambición, el egoísmo y la sensualidad se desarrolla en unos, en otros es la codicia y la brutalidad.

El desencadenamiento de guerras para satisfacer las ambiciones desmedidas de los más grandes, provee el odio mortal de los más pequeños.

Las religiones fanatizan a sus seguidores para después utilizarlos como armas mortales contra sus enemigos.

Estas prácticas bárbaras destruyen los cimientos de nuestra civilización y siembran el caos, destruyendo la forma de vida que debe ser respetada en nuestro planeta, antes de descender a lo más profundo del abismo de las miserias.

Después de tantos abusos y tantas infracciones, el Mundo Superior nos dijo: “habéis agotado todas vuestras posibilidades, llegó el momento de separar la cizaña del trigo, cada uno recibirá según su merecimiento, la estructura de la Tierra tiene que ser reparada, para corregir el daño que habéis ocasionado”.

Durante este siglo se llevarán a cabo estas obras y no se permitirá que nadie más atente contra ellas.

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