José Aniorte Alcaraz

SABER, QUERER Y CREER

VELA ENCENDIDA DENTRO DE LA OSCURIDAD

Gracias a las enseñanzas de los espíritus, sabemos que esta evolución prosigue a través de los mundos, bajo formas cada vez más sutiles, elevándose continuamente como fieles servidores de Dios. Esta elevación grandiosa de la vida, sólo se explica por la existencia de una voluntad, de una causa inteligente, de una energía incesante que envuelve a toda la naturaleza; esta fuerza superior e inteligente regula con toda perfección la vida y manifiesta su grandeza en la inmensidad de este maravilloso Universo que Él ha creado.

Nuestras existencias se suceden y se desarrollan a través de los siglos.

Los hechos ocurren independientes a nuestra voluntad, y la justicia divina se cumple sin que nadie pueda escapar a ella; nuestro destino ya está fijado según la ley de compensaciones.

Nuestros pensamientos, palabras y acciones, todo se relaciona, todo se encadena por una serie de causas y efectos que marcan nuestro destino.

Cuando se investiga la realidad de la vida futura, cuando se examina la situación del Espíritu, después de producirse el fenómeno muerte, se comprueba un hecho de gran relevancia; se constata la existencia de un estado de cosas que está regulado por una ley de equilibrio y de armonía. El Espíritu se ve como si estuviese ante un espejo, y en él se reflejan fielmente todos los actos por él realizados, para acusarlo o glorificarlo; no hay escape posible.

Es obligado a contemplarse a sí mismo para reconocerse y prepararse para otra nueva vida de progreso o para sufrir el reconocimiento y la vergüenza de su fracaso. Nada se pierde, ni el bien ni el mal, todo se escribe, se repara y se borra por medio de otras existencias.

El deber no es una palabra vana, y el compromiso asumido es lo único que debe prevalecer por encima de todo.Cada uno de nosotros construye sin saberlo su propio porvenir.

La existencia que estamos viviendo, sea fácil o difícil, es una consecuencia de nuestras acciones anteriores. Hay que insistir en estos puntos porque es posible que influya en la sociedad actual, cuyos pensamientos, tendencias y actos, están muy a menudo, inspirados por el egoísmo o las malas pasiones; acumulando negras nubes fluídicas, que presagian una terrible tempestad.

Es lamentable que en el principio del siglo XXI, aún se vea tanta decadencia moral, tanta corrupción, tanta indiferencia en algunas conciencias con respecto al sentimiento del bien. Esta imagen negativa que presenta una parte de esta humanidad terrestre, justifica suficientemente la selección que ya se está haciendo en el plano espiritual.

Todos los que aún se entregan a sus bajas pasiones para satisfacer sus vicios y deseos, sin importarles nada el daño que se hacen a sí mismos y a sus semejantes, no tienen ninguna posibilidad de seguir viviendo en la Tierra.

Tengo que decir una vez más, que los fenómenos naturales que se están dando y que aún se tienen que dar, cada vez serán más violentos y causarán más víctimas, y justamente esto sucederá con más violencia, en los países más pobres, donde sus habitantes tienen menos recursos y más penuria.

Yo desde estas páginas que llegarán a sus manos gratuitamente, quiero mandarles un mensaje, con todo cariño: “Mis queridos hermanos, creer en Dios es lo más importante de nuestra vida; en los momentos difíciles la fe es necesaria, porque nos fortalece, nos da esperanza y fuerzas para seguir viviendo o saber morir, no importa cómo y cuando se tiene que morir porque la muerte no existe, muere el cuerpo pero el Espíritu sigue viviendo y vuelve a nacer con un cuerpo nuevo.

Yo os hablo así porque ya he vivido situaciones difíciles: enfermo y abandonado, con un cuerpo sucio, mugriento sin tener agua para lavarlo y cambiar la ropa infestada de piojos durante más de un año, durmiendo en el suelo, sin tener una vieja manta para cubrir mi cuerpo, hambriento hasta desfallecer, buscando en la basura algo para poder comer. Cuando las palabras ya no salían de mi boca y me faltaban las fuerzas para seguir, pensaba en Jesús, y la fe que tenía en él, hizo que nunca me dejara llevar por la desesperación.

La fe nos da fuerzas para sobrevivir y enfrentarnos con más serenidad a cualquier situación. Sufrir con paciencia el dolor, nos eleva hacia un mundo superior”.

Quiero acabar con estas palabras de Jesús, en el sermón de la montaña: “Bienaventurados los que sufren porque ellos serán consolados”.

 

José Aniorte Alcaraz

 

Elucidaciones Espíritas

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