Amalia Domingo Soler

LA IDEA DE DIOS

La armonía y la sabiduría que se entiende desde el grano de arena hasta los astros innumerables y de tamaño inconmensurable que circulan en el espacio, hay que deducir que esta inteligencia abraza lo infinito, a menos que se diga que hay efectos sin causa. La existencia de Dios por lo tanto es un hecho demostrado, no sólo por la…

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Amalia Domingo Soler

LAS PLAGAS DEL ESPIRITISMO

Dice Castelar, (muy oportunamente) que no hay ningún hombre a la altura de su idea. Es muy cierto, ciertísimo, por eso sin duda alguna, muchos espiritistas tienen sobra de buena fe, y falta de sentido común, siendo su mayor desgracia la de ser médiums. La mediumnidad en ciertos seres es una verdadera calamidad, porque les convierte en el hazme reír…

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Amalia Domingo Soler

LA MISIÓN DEL ESPIRITISMO

 No viene el Espiritismo a derribar templo alguno, ni a conquistar uno a uno fieles del catolicismo; que entonces haría lo mismo que las demás religiones, que se disputan santones y milagrosas leyendas; canonjías y prebendas; cuentos y tradiciones. ¡Ah! No; está muy lejos de eso; porque la Escuela Espiritista, es harto racionalista y no quiere el retroceso; sueña con…

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Amalia Domingo Soler

PLEGARIA

Pocas veces Señor hasta ti elevo mi férvida oración, porque en mi vida de azares y miseria, no me atrevo a elevarte mi voz desfallecida. Yo sé, que tu justicia es inmutable, yo sé, que tu grandeza es sobrehumana, yo sé, que tu creación es admirable, y que la vida eterna de ti emana. Yo sé, que si padezco, es…

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Amalia Domingo Soler

LA CIENCIA Y LA RELIGIÓN

En Dios todo es inmutable. En Él no hay nada sujeto a mudanza; su poder y su soberanía son la fuerza eterna que sostiene el admirable equilibrio de los mundos de la órbita que cada globo se traza en su rotación alrededor del Sol. Y esa causa primera; ese principio de todo lo existente, ese motor que hace funcionar todas…

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Amalia Domingo Soler

LOS BUENOS SACERDOTES

 ¡Hermanos míos! Veo con placer que leéis afanosos las memorias de un pobre sacerdote a quien conocéis bajo el nombre del Padre Germán; admiráis lo que vosotros llamáis sus virtudes, y que en realidad no fueron otra cosa que el estricto cumplimiento de su deber. No penséis, hijos míos, que hice nada de particular; hice lo que debían hacer todos…

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