Los espíritus nos dicen, por qué el ciego perdió la luz de sus ojos, por qué se quedó el tullido sin agilidad en sus miembros, por qué el idiota carece de inteligencia, por qué hay sabios que trabajan toda una existencia y cuando creen que han llegado a la cumbre de su gloria, entonces mueren sin lograr ver sus sueños realizados; por qué hay hombres modelos de hidalguía que rinden culto a su honor, y éste lo ven pisoteado y arrastrado por el lodo, por la liviandad de su compañera, y por qué hay mujeres que serían ángeles dentro de su hogar y se las ve rodar por el mundo sin rumbo fijo, sin nadie que las guíe, ni les de su nombre y su amor.
El Espiritismo resuelve todos los problemas, nos enseña todos los caminos que debemos seguir para llegar a ser grandes y buenos: ¿Es útil su enseñanza? Lo es indudablemente, se puede decir el puerto de salvación no sólo de los pobres y de los afligidos, sino también de los poderosos, de aquellos que no saben qué hacer con sus inmensas riquezas, porque si el pobre estudiando el Espiritismo adquiere resignación y esperanza despertándose en él el amor al trabajo, en cambio el rico quizá sale aún mejor librado; porque la riqueza suele ser para el Espíritu muy mala consejera, los tesoros mientras más crecidos más fácilmente se convierten en semillero de malas tentaciones.
Al rico todos le halagan, todos le dan virtudes que no tiene, sus vicios mas repugnantes dicen que son genialidades, caprichos de escasa importancia; a los poderosos desde pequeñitos sus serviles servidores les enseñan el camino de la tiranía y del despotismo, y muchos de ellos no quieren a los pobres y no se interesan por sus desgracias, porque no han educado su sentimiento, son árboles que en su mayoría crecen torcidos, y cuando llegan a ser grandes entonces se les acusa de egoístas y de miserables; y en verdad que una gran parte de sus defectos es debida a la malísima educación que han recibido; y a evitar en algo inmensos males, vienen los espíritus dándonos sus comunicaciones. Los seres de ultratumba hablan con igual franqueza al pordiosero que al monarca, y a los grandes de la Tierra les dicen sencillamente:
“No olvidéis que es mucho más difícil subir que bajar; el ascender cuesta a veces miles de siglos, y en cambio el descendimiento es a veces tan rápido que es más veloz que el vuelo del águila que anida en las cumbres más cercanas a los cielos”.
“El Rey más poderoso, el conquistador más audaz, el que no tiene miradas suficientes para contemplar todos los pueblos que le pertenecen, cuando deja su manto de púrpura, su cetro y su corona imperial en el fondo de su marmóreo sepulcro, se encuentra solo con su pensamiento, no tiene entonces más dominios que el círculo de su conciencia, círculo de fuego que le aprisiona dentro de sí mismo. Sus capitanes, sus servidores, las muchedumbres que por miedo le aclamaban pasan a su lado en el espacio sin conocerle y gracias que una falange de encarnizados enemigos o de inocentes víctimas no le saluden diciendo: ¡Maldito seas! Maldito mil veces que hiciste salir de su lecho al anciano enfermo, que por ti fue juguete de soldadesca embrutecida la casta virgen y la honrada matrona, vuelve a la Tierra a ocultar tu derrota entre los harapos del mendigo, tú que no tenías luz bastante en tus ojos para ver tus inmensos dominios, vuelve ciego a ese mundo para que no puedas andar solo, un instante. Tú, que bajo los cascos de tu caballo no brota la hierba, porque la destrucción iba contigo, regando los campos de sangre e incendiándolos después, vuelve tullido para que no puedas dar un paso ya que en tu veloz carrera llevabas contigo la desolación y la muerte. Tú que tuvistes brazos de hierro y manos de acero para golpear el rostro de los vencidos, vuelve sin brazos ya que tan mal uso hicistes de ellos. Tú que tuvistes lengua para insultar a los débiles, que dictastes sentencias condenando a seres inocentes, vuelve mudo ya que el don divino de la palabra sólo lo empleastes en hacer daño a la humanidad. A todo esto y a mucho más os exponéis los ricos que sois dueños de vidas y haciendas si no hacéis buen uso de vuestras inmensas riquezas; en cambio, si en medio de vuestra opulencia os acordáis de las multitudes que viven miserablemente, ganando un jornal mezquino sin quedarles tiempo para instruirse, para conocer el porqué de su existencia, si procuráis aumentar sus ganancias disminuyendo el tiempo de su trabajo obligándoles a instruirse en escuelas gratuitas, si moralizáis a los pequeños, si en torno de vuestros palacios levantáis asilos para los huérfanos y los ancianos, si creáis hospitales que sean verdaderas casas de salud, si vuestro oro en fin, es como la lluvia benéfica que vivifica los campos, queriendo vosotros vivificar las inteligencias, entonces ¡Qué hermoso será vuestro despertar en el espacio! Os parecerán sucios harapos vuestros trajes usados en la Tierra, aunque estos hayan sido de brocado y de tisú de oro adornados de piedras preciosas; miraréis con lástima vuestros grandes palacios terrenales, porque aunque encierren todas las maravillas del arte, os parecerán repugnantes tugurios en comparación de los focos luminosos en los cuales viviréis en medio de una atmósfera perfumada, escuchando dulces voces que desde diversos puntos repetirán armónicamente: ¡Bendito tú que fuiste el padre de los afligidos, el protector del obrero, el amparo de la viuda, el bienhechor de los huérfanos!… ¡Bendito tú por centenares de miles de siglos! ¡Bendito seas! No sabéis, opulentos de la Tierra, el progreso que podéis hacer empleando bien vuestras riquezas; podéis gozar en ser los ángeles buenos de los pueblos oprimidos; al que mucho se le da mucho se le exige, y estrecha cuenta os pedirán mañana si no vivís más que para satisfacer vuestros caprichos queriendo más a un caballo o a un perro de caza que a los obreros, artífices y artistas que os levantan vuestros palacios y os tejen las telas preciosas de vuestras lujosas vestiduras. Aprovechad el tiempo, que la existencia de un rico bien empleada, vale mucho más que cien mil encarnaciones gimiendo y llorando en la miseria, pagando ojo por ojo, y diente por diente, o viviendo en el estacionamiento más improductivo, como vemos que viven muchos seres que no llegan a la categoría de hombres virtuosos, ni descienden a la ínfima condición de seres malvados. Si en la Tierra el oro es el Soberano absoluto, haced buen uso de vuestra soberanía, prestad sin réditos a los pobres y doblareis, y quintuplicareis vuestra riqueza en otros mundos donde la felicidad no es una ilusión, donde el amor de las almas es eterno como la omnipotencia de Dios”.