Amalia Domingo Soler

EL ESPIRITISMO

Esto dicen los buenos espíritus en sus comunicaciones, por eso el Espiritismo es como hemos dicho otras veces la redención social; porque nos aconseja el trabajo como base indestructible del progreso, el amor sin condiciones como principio de unión y de fraternidad, la protección mutua para engrandecer los pueblos y el estudio de la ciencia para comprender la grandeza de Dios; nos aparta de las supersticiones religiosas, pues aunque no nos dicen que derribemos los templos, nos demuestran que los cielos y los infiernos de las religiones son obras del hombre, imperfectas y frágiles, puesto que caen con el soplo de la razón; nos dicen que las religiones han sido el azote de la humanidad, y que para destruirlas basta la indiferencia y el olvido; que los pueblos que trabajan son los pueblos que oran, que una religión sin ciencia es un mundo sin leyes de atracción, y que desgraciada la humanidad que cree lo que no comprende.

Es cierto hermanos míos; por esto me permitiré daros un consejo para concluir la serie de reflexiones que he expuesto a vuestra consideración. Por lo mismo que el Espiritismo es la ciencia de todas las ciencias, por lo mismo que los hombres no instruidos se consuelan con las comunicaciones de sus deudos y no preguntan ni tratan de avanzar en sus investigaciones, y los sabios encuentran en las manifestaciones de los espíritus nuevas leyes, nuevas aplicaciones de los fluidos, nuevas fuerzas poderosísimas, capaces de enloquecer a los hombres sistemáticos que no quieren aceptar lo que no está conforme con las leyes ya conocidas de gravitación universal, puesto que en el campo del Espiritismo caben todas las escuelas filosóficas, todas las religiones de buena fe, todos los credos políticos, porque los espíritus dan sus comunicaciones en todos los parajes de la Tierra, lo mismo en la gótica catedral que en la Pagoda indiana, lo mismo en la Mezquita que en la Sinagoga o en el humilde santuario de la montaña, lo mismo en la Academia de la Historia que en el club de los nihilistas, si los espíritus viven con nosotros, si toman parte en nuestras victorias y en nuestras derrotas, cuidad mucho de estudiar lo que os dicen y os aconsejan, que hay espíritus de luz y hay espíritus se sombra; no hay ni ángeles ni demonios en el espacio, pero sí hay inteligencias libres que hacen uso de su derecho y de su libertad, y nuestro deber es aprender a saber distinguir el oro del oropel; hasta ahora aunque se asegura que  todos tenemos mediumnidad, ésta, no está desarrollada sino  en un corto número de médiums, individuos que reúnen las condiciones necesarias para ser intérpretes de los espíritus, prestándose dócilmente a recibir sus inspiraciones.

Sin los médiums el Espiritismo no sería conocido, recibiría cada cual, inspiración sin saber que una inteligencia operaba sobre su cerebro, así es, que un buen médium, sin ser un ser privilegiado, sin concederle infalibilidad de ninguna especie, es tan útil al estudio del Espiritismo, que sin él, o mejor dicho sin ellos,  sin los buenos médiums viviríamos aún entre las sombras de la ignorancia, y aunque los espiritistas (al menos en España) no pagan a ninguno de sus médiums, se les tiene sí, toda suerte de atenciones, y se les quiere y se les considera como instrumentos preciosos que te transmiten las notas dulcísimas de la armonía universal.

¿Cómo no querer a los buenos médiums si de ellos recibimos inefables consuelos? ¿Si por ellos sabemos que no estamos solos en la Tierra, si por ellos hemos conocido las grandezas del infinito?.

No están retribuidos con cantidad alguna, es cierto; pero se les quiere tanto que llegan a constituir una parte de nuestra familia más querida; ahora bien, como en la Tierra abundamos más los malos que los buenos, no faltan en el Espiritismo sus falsos médiums, que envidiando las atenciones y consideraciones que se tienen con aquellos que son fieles intérpretes de los espíritus y queriendo ellos disfrutar también de aquel afecto y de aquella especial atención que se les tiene, fingen admirablemente comunicaciones de espíritus elevadísimos, o de espíritus familiares que consuelan a muchos incautos, a los cuales imponen su aparente voluntad, cuando en realidad es la voluntad del médium la que impera; y en esto hay que ir con muchísimo cuidado, lo mismo que con los espíritus ligeros que se complacen en hacer creer que son fulano o mengano que ordena y manda sobre los deudos.

Tanto con los falsos médiums como con los espíritus engañadores hay que estar siempre en guardia; así como no hay rosa de olor sin espinas tampoco hay estudio científico que no tenga sus peligros, y si los químicos toman toda suerte de precauciones para no exponer su vida haciendo experimentos en sus laboratorios con sustancias y materias explosivas, los espiritistas debemos tomarlas también para no ser engañados ni por los espíritus ligeros ni por los falsos médiums.

¿Qué es la vida? Un estudio permanente, y la razón debe ser la balanza del entendimiento. Le oí decir a un Espíritu que el Espiritismo sin trabajo, es como un Cristo sin amor, que teníamos una obligación sagrada de estudiar y de aprender a conocer donde estaba la falsedad de los impostores y la sencillez de la verdad; que no haciéndolo así, éramos responsables de muchos males, primero de nuestra pereza en no querer trabajar, que para eso éramos seres racionales; segundo, que dábamos pábulo a la mala fe de los falsos médiums que atraen sobre sí malísimas influencias, porque la mentira atrae a los mentirosos, y hay médiums falsos que a lo mejor se ven atropellados por un Espíritu que maltrata su organismo sin consideración alguna; y tercero, que dando por buenas, comunicaciones apócrifas, se ayuda a los espíritus mentirosos en su mala obra, se les dan alas para que sigan mintiendo, estacionándose de nuevo en lugar de ocuparse de estudios serios, útiles a ellos y a los terrenales.

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