Amalia Domingo Soler

EL ESPIRITISMO

Hagamos una comparación. Una persona que se tenga por honrada pone gran cuidado en escoger sus amigos más íntimos, y trata siempre de intimar con aquellos que tienen mejor reputación, por aquello de “dime con quien andas y te diré quien eres”. Pues lo mismo debemos hacer con los espíritus; si nos vienen dando comunicaciones diciéndonos que si queremos encontraremos tesoros en minas inagotables para vivir sin trabajo, porque Dios premia nuestras virtudes adelantándonos sus bienaventuranzas en la Tierra, no les prestemos atención ninguna, porque nos engañan; en la Tierra no hay más tesoros escondidos que el bien que se practica, y si alguna vez se encuentran riquezas enterradas las halla el legítimo dueño de ellas sin aviso ninguno; los espíritus buenos no vienen a hundirnos en la honda sima de la holgazanería, de la vagancia, al contrario, nos inducen al trabajo y al estudio, y se debe desconfiar mucho de los espíritus que se convierten en médicos, porque le usurpan su trabajo a los terrenales, que estudian cierto número de años para ser útiles a la humanidad.

¿Para qué estamos entonces en la Tierra? ¿Para adquirir tras un fanatismo otro fanatismo, y tras una superstición otra superstición? No, y mil veces no; que estamos en este mundo para estudiar sus leyes por nosotros mismos, engrandeciendo nuestro sentimiento y sublimando nuestras aspiraciones; esta es la misión de los terrenales, no tienen otra que cumplir y la de los espíritus es mostrarnos como lo vienen haciendo, que nuestra historia comenzó no sabemos cuando, que continuamos escribiendo sus capítulos en la encarnación actual y que su epílogo nunca lo podremos escribir porque vivimos en brazos del tiempo, y el tiempo es un libro que no se concluirá jamás.

¡Qué grande se presenta Dios, concediendo al Espíritu el progreso indefinido!… por eso los verdaderos espiritistas comprenden mejor la grandeza de Dios. ¡Vivir siempre! ¡Elevarse desde el átomo al ser inteligente, que es un motor eterno! ¡Al ser inteligente que es un foco de la luz de Dios! ¡Ser un sabio profundo que mide las distancias que separan a los planetas y pesa los mundos! ¡Ascender desde el salvaje a ser un Cristo!… a ser un Sócrates! Y toda esa elevación debida al trabajo incesante del Espíritu. Tener la certidumbre de que uno no es pobre, que no es huérfano, que no está desheredado. ¡Bendito sea el Espiritismo, hermanos míos! ¡Consagremos a su racional enseñanza las mejores horas de nuestra vida; demos luz a los ciegos de entendimiento, demos el pan del alma a los que se creen solos en el Tierra, porque un momento de soledad es la negación de Dios para el Espíritu; demos el agua del amor a los sedientos de justicia y adoremos al Ser Omnipotente en Espíritu y verdad!

¡Dios es la ley, pues todo vibra en Él! ¡Dios es lo exacto, Dios es el fiel de la balanza eterna! Él sólo sabe pesar las conciencias: cada conciencia es un timbre en el espacio que sólo Dios sabe tocar.

¡Adiós espiritistas! No olvidemos nunca que Dios ha palpitado siempre en la eternidad, que la ley de amor es la ley de las gravitaciones del Universo, que Dios es el complemento del cálculo infinito, y que las ciencias exactas, son las puertas del templo de Dios!

Estudiemos para ser sabios, practiquemos la caridad para ser buenos, ¡Adelante hermanos míos! El progreso indefinido es nuestro patrimonio, las comunicaciones de los espíritus son luz y vida eterna.

¡Bendito sea el Espiritismo, hermanos míos!… ¡Bendito sea! Por él se ha unido la gran familia; ¡Bendita! ¡Bendita sea la fraternidad Universal!

Amalia Domingo Soler

La Luz del Espíritu

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