Esta comunicación que ha recibido hace poco tiempo una madre desolada, ¿No le ha sido mucho más beneficiosa que mandar decir misas de gloria y aborrecer a la vez a los demás niños porque se murió su hijo?… a muchísimas mujeres les he oído decir más de una vez: que no me traigan niños a mi casa, porque no sé qué haría con ellos, muerto el hijo de mis entrañas, me parece que las demás criaturas insultan mi dolor con sus gritos y sus risas.
En cambio en la comunicación de los espíritus los dolores más horribles se consuelan.
No diré que se deje de sentir una parte de la pena, porque cuando el sufrimiento nos abruma es para que sintamos algo de su enorme peso, pero una cosa es decir con íntima convicción, pago lo que debo y mañana no tendré quien me presente cuentas, y otra muy distinta sentirse víctima de un destino implacable que hiere nuestro sentimiento, que rompe cruelmente todas nuestras fibras, reduciéndonos a ser víctima expiatoria sacrificada en aras de misteriosa fatalidad diciéndonos: ordeno y mando que llores porque tu llanto hace falta para regar las flores de la tierra.
Los espíritus nos dicen, porqué el ciego perdió la luz de sus ojos, porqué se quedó el tullido sin agilidad en sus miembros, porqué el idiota carece de inteligencia, porqué hay sabios que trabajan toda una existencia y cuando creen que han llegado a la cumbre de su gloria, entonces mueren sin lograr ver sus sueños realizados, porqué hay hombres modelos de hidalguía que rinden culto a su honor, y éste lo ven pisoteado y arrastrado por el lodo y por la liviandad de sus compañeras, y porqué hay mujeres que serían ángeles dentro de su hogar y se las ve rodar por el mundo sin rumbo fijo, sin nadie que las guíe ni les dé su nombre y su amor.
El Espiritismo resuelve todos los problemas, nos enseña todos los caminos que debemos seguir para llegar a ser grandes y buenos: ¿Es útil su enseñanza? lo es indudablemente, es, se puede decir el puerto de salvación no sólo de los pobres y de los afligidos, sino también de los poderosos, de aquellos que no saben qué hacer con sus inmensas riquezas, porque si el pobre estudiando el Espiritismo adquiere resignación y esperanza despertándose en él amor al trabajo, en cambio el rico quizás sale aún mejor librado, porque la riqueza suele ser para el Espíritu muy mala consejera, y los tesoros mientras más crecidos más fácilmente se convierten en semillero de malas tentaciones.
Al rico todos le halagan, todos le dan virtudes que no tiene, sus vicios más repugnantes dicen que son genialidades, caprichos de escasa importancia; a los poderosos desde pequeñitos sus serviles servidores les enseñan el camino de la tiranía y del despotismo, y muchos de ellos no quieren a los pobres y no se interesan por sus desgracias porque no han educado sus sentimientos, son árboles que en su mayoría crecen torcidos y cuando llegan a ser mayores entonces se les acusa de egoístas y de miserables, y en verdad que una gran parte de sus defectos es debido a la mala educación que han recibido, y a evitar en algo tantos males vienen los espíritus dándoles sus comunicaciones.
Los seres de ultratumba hablan con igual franqueza al pordiosero que al monarca; y a los grandes de la Tierra les dicen sencillamente: no olvidéis que es mucho más difícil subir que bajar, el ascender cuesta a veces millones de siglos, y en cambio el descender es a veces tan rápido que es más veloz que el vuelo del águila que anida en las cumbres más cercanas a los cielos.
El rey más poderoso, el conquistador más audaz, el que no tiene miradas suficientes para contemplar todos los pueblos que le pertenecen, cuando deja su manto de púrpura, su cetro y su corona imperial en el fondo de su marmóreo sepulcro, se encuentra solo con su pensamiento, no tiene entonces más dominios que el círculo de su conciencia, círculo de fuego que le aprisiona dentro de sí mismo.