Sus capitanes, sus servidores, las muchedumbres que por miedo le aclamaban, pasan a su lado en el espacio sin conocerle, y gracias si una falange de encarnizados enemigos o de inocentes víctimas no le saludan diciendo:
¡Maldito seas! Que hiciste salir de su lecho al anciano enfermo; que por ti fue juguete de soldadesca embrutecida la casta virgen y honrada matrona, vuelve a la Tierra a ocultar tu derrota entre los harapos del mendigo, tú que no tenías luz bastante en tus ojos para ver tus inmensos dominios, vuelve ciego a ese mundo para que no puedas andar solo un instante.
Tú que bajo los cascos de tus caballos no brotaba la hierba porque la destrucción iba contigo, regando los campos de sangre e incendiándolos después, vuelve tullido para que no puedas dar un paso ya en tu veloz carrera, llevas contigo la desolación y la muerte.
Tú que tuviste brazos de hierro y manos de acero para golpear el rostro de los vencidos, vuelve sin brazos ya que tan mal uso hicistes de ellos.
Tú que tuviste lengua para insultar a los débiles, que condenastes a seres inocentes, vuelve mudo ya que el don divino de la palabra sólo lo empleastes en hacer daño a la humanidad.
A todo esto y a mucho más os exponéis los ricos que sois dueños de vidas y haciendas si no hacéis buen uso de vuestras inmensas riquezas; en cambio, si en medio de vuestra opulencia os acordáis de multitudes que viven miserablemente, ganando un jornal mezquino sin darles tiempo para instruirse, para conocer el porqué de su existencia, si procuráis aumentar sus ganancias disminuyendo el tiempo de su trabajo, obligándoles a instruirse en escuelas gratuitas, si moralizáis a los pequeños, si en el entorno de vuestros palacios levantáis asilos para los huérfanos y los ancianos, si creáis hospitales que sean verdaderas casas de salud, si vuestro oro en fin, es como la lluvia benéfica que vivifica los campos queriendo vosotros vivificar las inteligencias, entonces…
¡Que hermoso será vuestro despertar en el espacio!
Os parecerán sucios harapos vuestros trajes usados en la Tierra, aunque estos hayan sido de brocado y de tisú de oro adornados con piedras preciosas; mirareís con lástima vuestros grandes palacios terrenales, porque aunque encierren todas las maravillas del arte os parecerán repugnantes tugurios en comparación de los focos luminosos en los cuales viviréis en medio de una atmósfera perfumada, escuchando voces dulcísimas que desde diversos puntos repetirán armónicamente: ¡Bendito tú que fuiste el padre de los afligidos, el protector del obrero, el amparo de la viuda, el bienhechor de los huérfanos!… ¡Bendito seas!
No sabeis opulentos de la Tierra, el progreso que podéis hacer empleando bien vuestras riquezas; podéis gozar en ser los ángeles buenos de los pueblos oprimidos; al que mucho se le da, mucho se le exige, y estrecha cuenta os pedirán si no vivís más que para satisfacer vuestros caprichos, queriendo más a un caballo y a un perro de caza que a los obreros artífices y artistas que os levantan vuestros palacios y os tejen las telas preciosas de vuestras lujosas vestiduras.
Aprovechad el tiempo, que la existencia de un rico bien empleada vale más, mucho más que mil encarnaciones gimiendo y llorando en la miseria, pagando ojo por ojo y diente por diente, o viviendo en el estacionamiento más improductivo, como vemos que viven muchos seres que no llegan a la categoría de hombres virtuosos, ni descienden a la ínfima condición de hombres malvados. Si en la Tierra el oro es el soberano absoluto, haced buen uso de vuestra soberanía, prestad sin réditos a los pobres y doblareís vuestras riquezas en otros mundos donde la felicidad no es una ilusión, donde el amor de las almas es eterno como la Omnipotencia de Dios.
Esto dicen los buenos espíritus en sus comunicaciones, por eso el Espiritismo es como hemos dicho otras veces la redención social; porque nos aconseja el trabajo como base indestructible del progreso, el amor sin condiciones como principio de unión y fraternidad, la protección mutua para engrandecer los pueblos y el estudio de la ciencia para comprender la grandeza de Dios; nos aparta de las supersticiones religiosas, pues aunque no nos dicen que derribemos los templos, nos demuestran que los cielos y los infiernos de las religiones son obras de los hombres, imperfectas y frágiles puesto que caen con el soplo de la razón; nos dicen que las religiones han sido el azote de la humanidad, y que para destruirlas basta la indiferencia y el olvido; que los pueblos que trabajan son los pueblos que oran, que una religión sin ciencia es un mundo sin leyes de atracción; y que es desgraciada la humanidad que cree lo que no comprende.
Es cierto hermanos míos; por esto me permitiré daros un consejo para concluir la serie de reflexiones que he puesto a vuestra consideración.
Por lo mismo que el Espiritismo es la ciencia de todas las ciencias, por lo mismo que los hombres no instruidos se consuelan con las comunicaciones de sus deudos y no preguntan ni tratan de avanzar en sus investigaciones, y los sabios encuentran en las manifestaciones de los espíritus nuevas leyes, nuevas aplicaciones de los fluidos, nuevas fuerzas poderosísimas capaces de enloquecer a los hombres sistemáticos, que no quieren aceptar lo que no está conforme con las leyes ya conocidas de gravitación universal, puesto que en el campo del Espiritismo caben todas las escuelas filosóficas, todas las religiones de buena fe, todos los credos políticos, porque los espíritus dan sus comunicaciones en todos los parajes de la Tierra, lo mismo en la gótica catedral, que en la pagoda india, lo mismo en la mezquita que en la sinagoga o en el humilde santuario de la montaña, lo mismo en la academia de historia que el club de los nihilistas, si los espíritus viven con nosotros, si toman parte en nuestras victorias y en nuestras derrotas, cuidad mucho de estudiar lo que os dicen y os aconsejan, que hay espíritus de luz y espíritus de sombra, no hay ni ángeles ni demonios en el espacio, pero sí hay inteligencias libres que hacen uso de su derecho y de su libertad, y nuestro deber es aprender a saber distinguir el oro del oropel; hasta ahora aunque se asegura que todos tenemos mediumnidad, ésta no está desarrollada sino en un corto número de médiums, individuos que reúnen las condiciones necesarias para ser intérpretes de los espíritus prestándose dócilmente a recibir sus inspiraciones.
Sin los médiums el Espiritismo no sería conocido, recibiría cada cual la inspiración sin saber que una inteligencia operaba en su cerebro, así es, que un buen médium, sin ser un ser privilegiado, sin concederle infabilidad de ninguna especie, es tan útil al estudio del Espiritismo, que sin él, o mejor dicho sin ellos, sin los buenos médiums viviríamos aún entre las sombras de la ignorancia, y aunque los espiritistas (al menos en España) no pagan a ninguno de sus médiums, se les tiene sí, toda suerte de atenciones y se les quiere y se les considera como instrumentos preciosos que transmiten las notas dulcísimas de la armonía universal.
¿Cómo no querer a los buenos médiums si de ellos recibimos inefables consuelos? ¿Si por ellos sabemos que no estamos solos en la Tierra, si por ellos hemos conocido las grandezas del infinito?.
No están retribuidos con cantidad alguna, es cierto; pero se les quiere tanto que llegan a constituir una parte de nuestra familia más querida; ahora bien; como en la Tierra abundamos más los malos que los buenos, no faltan en el Espiritismo sus falsos médiums que, envidiando las atenciones y consideraciones que se tienen con aquellos que son fieles intérpretes de los espíritus, y queriendo ellos disfrutar también de aquel afecto y de aquella especial atención que se les tiene, fingen admirablemente comunicaciones de espíritus elevadísimos, o de espíritus familiares que consuelan a muchos incautos, a los cuales imponen su aparente voluntad, cuando en realidad es la voluntad del médium la que impera, y en esto hay que ir con muchísimo cuidado, lo mismo que con los espíritus ligeros que se complacen en hacer creer que son fulano o mengano que ordena y manda sobre sus deudos.
Tanto con los falsos médiums como con los espíritus engañadores hay que estar siempre en guardia, así como no hay rosa de olor sin espinas tampoco hay estudio científico que no tenga sus peligros, y si los químicos toman toda suerte de precauciones para no exponer su vida haciendo experimentos en sus laboratorios con sustancias y materias explosivas, los espiritistas debemos tomarlas también para no ser engañados ni por los espíritus ligeros ni por los falsos médiums.