José Aniorte Alcaraz

LA NUEVA ENSEÑANZA

Imagen de una flor de loto
José Aniorte

Con el Espiritismo, desde hace ciento cincuenta y dos años, llegó una luz para iluminar los caminos.

El Espiritismo no vino a descubrir nada nuevo, puesto que los espíritus y su mundo existen desde el momento que la Tierra tuvo vida humana. Pero es innegable que con él empezó el advenimiento de una enseñanza nueva, libre de toda forma oscura o simbólica y fácilmente comprensible para los más humildes.

Esta enseñanza puede satisfacer a todas las clases sociales, pero se dirige principalmente a los que padecen, a los que soportan una abrumadora tarea o penosas pruebas, a todos los que en los momentos difíciles de su vida, tienen necesidad de una fe profunda que los sostenga en sus trabajos y en sus dolores.

Se dirige también a esa multitud de seres humanos, que se han hecho incrédulos y desconfiados ante todos los dogmas y creencias religiosas, porque sienten que durante muchos siglos han sido engañados y manipulados sin ningún escrúpulo.

Ahora con esta nueva enseñanza que prueba a la luz del día, sin misterios, la realidad y la verdad de sus fundamentos, ofrece una nueva oportunidad a todos los que desengañados, aún sienten la necesidad de progreso y de encontrar un ideal nuevo que ejerza una acción regeneradora para llenar el vacío que ahora tienen.

La enseñanza espírita responde a todas las necesidades del ser humano, necesidades que ninguna otra doctrina ha podido satisfacer hasta ahora.

Con la ley de las existencias sucesivas nos muestra la justicia perfecta que rige el destino de todos los seres humanos. Con esta ley ya no hay privilegios ni gracias concedidas a cambio de donaciones. Los méritos y las virtudes adquiridas con nuestro esfuerzo y sacrificio son los únicos valores que encontramos después de la muerte.

La muerte pierde de este modo el carácter feo y aterrador que hasta ahora se le ha atribuido.

Ya no es la figura que atemoriza hasta los más valientes; su presencia nos anuncia un renacimiento, una de las condiciones indispensables para el desarrollo y engrandecimiento de nuestro Espíritu.

Todas nuestras existencias se eslabonan y forman una cadena. La muerte es el pasaje de una existencia a otra; para el hombre de bien es la puerta que se abre hacia un mundo mejor.

La enseñanza de los Espíritus Elevados, aumenta nuestro conocimiento y reafirma la elevación de nuestros sentimientos. Nos hacen mejores y más fuertes en el empeño que tenemos para conseguir nuestra transformación.

Así se revela la ley de la fraternidad y solidaridad, que deberá unir a todos los seres y a todos los pueblos; y estos sentimientos nos dan nuevas fuerzas contra los desfallecimientos, las tentaciones y los malos pensamientos.

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