Amalia Domingo Soler

¡LOS GRANDES DE AYER!

Siempre que encuentro en mi camino alguno de esos desventurados que no tiene casa ni hogar, murmuro con profunda tristeza, con inmensa compasión: ¡He aquí un grande de ayer! Para carecer de todo, para no tener un rincón donde cobijarse, ¡Cuántos crímenes se deben haber cometido!… Esto pensé cuando leí últimamente el siguiente suelto: MUERTA POR EL ALCOHOL.–Anoche fue encontrada…

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Amalia Domingo Soler

LA VIAJERA DE LOS SIGLOS

I La hora del anochecer es la más favorable a los recuerdos. En esa hora en que las estrellas comienzan a fulgurar, es cuando me senté, un día, junto al balcón de mi gabinete. Sin embargo de hallarme en estado de vigilia, desaparecieron de mi vista las casas que a regular distancia estaba contemplando distraídamente, viendo en lugar de ellas…

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José Aniorte Alcaraz

EL ESPÍRITU NO RENACE NI MUERE

Es verdad que el Espíritu se reencarna, pero no nace, no crece, no envejece y no muere; es el cuerpo físico el que nace, crece, envejece y finalmente muere. El Espíritu es un reflejo de la inmensa Luz de su Creador, que ilumina todo el Universo, y no puede ser destruido porque es eterno.

Amalia Domingo Soler

4.-¡LA CARETA! 

                                                 I Carnaval continuo es la vida, pues por regla general, todos decimos lo que no sentimos, así es, que el antifaz moral nos acompaña siempre, pero hay una época en el año que nos ponemos doble careta sobre la que encubre nuestras intenciones nos colocamos un pedazo de trapo sobre el rostro y el disfraz es completo; se ahueca…

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Revista Espírita La Revelación

LA FE Y LA RAZÓN

SECCIÓN DOCTRINAL Dos lumbreras de la inteligencia humana; dos astros esplendentes colocados en nuestro ser por Suprema mano; han pretendido conducir a la humanidad, salvándola de los escollos y reveses de esta vida de dolores y sufrimientos, de expiaciones y de pruebas, al puerto de sus aspiraciones constantes de sus eternos e innumerables destinos: la fe y la razón; destellos…

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Amalia Domingo Soler

¿HASTA CUANDO?

Conocí en mi juventud a una muchacha, por nombre Magdalena, tan simpática como desgraciada. No sabía aún pronunciar el dulce nombre de  madre, cuando la muerte le arrebató la suya, y su padre hubo de contraer segundas nupcias a los pocos meses, obligado por la necesidad de dar a sus hijos, todos chiquitines, una persona que substituye a la madre…

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