En esto consiste la verdad de lo siguiente: “A cada uno según sus obras”.
Dedicaos por todos los medios que estén a vuestro alcance a combatir la idea de las penas eternas, pensamiento blasfematorio de la justicia de la bondad de Dios.
Origen fecundo de incredulidad y de indiferencia que ha invadido las masas, desde que su inteligencia a empezado a desarrollarse.
Mientras el mal exista entre los hombres, subsistirá el castigo.
El día en que todos los hombres vistan la toga de la inocencia, ese día concluirán los gemidos por medio del arrepentimiento.
¡Eternidad de los castigos! Sería pues admitir que el mal sería eterno.
Sólo Dios es Eterno y no ha podido crear el mal eterno, pues de no ser así, necesario sería negarle el más precioso de sus atributos; el poder soberano; pues no lo sería si creara un elemento destructor de sus obras, ¡Humanidad! No fijes tus miradas en las profundidades de la Tierra, espera, refúgiate en la idea de un Dios bueno, poderoso y esencialmente justo.
Gravitar hacia la unidad divina, he aquí el objeto de la humanidad.
Tres cosas son necesarias para lograrlo: “La justicia, el amor y la ciencia; son estas tres contrarias a: la ignorancia, el odio y la injusticia”.
La idea del infierno con sus hornos calientes y bullidoras calderas, pudo ser tolerada, es decir perdonable en un siglo de hierro; pero en el actual no es más que un fantasma que sólo sirve para espantar a los niños, y en lo que no creen estos cuando llegan a hombres. Insistiendo en ello engendra la incredulidad, madre de toda desorganización social.
¡Hombres de fe ardiente y viva, vanguardia del día de luz, a la obra pues, no para mantener desacreditadas fábulas, sino para vivificar formas apropiadas a vuestras costumbres, a vuestros sentimientos y a las luces de vuestra época!.
Se quiere excitar al hombre al bien y alejarse del mal con el incentivo de las recompensas y el temor de los castigos; que sólo son efectos de una causa, pero si estos se pintan de modo que la razón se niegue a creerlos, no tendrán en aquél ninguna influencia, y harán que el hombre lo rechace todo.
Preséntese por el contrario, de una manera lógica y no lo rechazarán.
El Espiritismo ofrece esta explicación.
Reconociendo la filosofía de Kardec, no hacemos más que preparar la Tierra, despertando la curiosidad de algunos hombres pensadores; y éstos más tarde, después de haber leído y estudiado las obras espiritistas, serán los elegidos del progreso para decir al mundo la verdad.
El progreso necesita los grandes sacerdotes de las ideas, los entendidos escritores, las almas generosas que consagren su vida a difundir la luz del infinito.
Cristo decía: dejad venir a mí los pequeñitos; por esto nosotros (pequeñitos en inteligencia), no hemos titubeado en proclamar la verdad del Espiritismo, ¡Que tras de nosotros se adelantan los sabios del porvenir!.
Estamos conformes en que Cristo ha sido uno de los mediadores que ha habido entre Dios y la humanidad, como antes de Él lo fueron Cristna y Moisés y como lo han sido todos los espíritus fuertes, grandes en la lucha, y heroicos en la prueba, como lo han sido todos los trabajadores que han aprovechado todas sus existencias sin desperdiciar el tiempo en ningún momento.
Cristo, en los tiempos modernos es la primera figura de la vida, del sentimiento, de la abnegación y del sacrificio.
Él vino a establecer la concordia, y es el mediador de nuestros días, porque ha sido Maestro de los filósofos y de los mártires, y hoy vela la filosofía de los tiempos.
Desgraciadamente el enviado de Dios no fue comprendido; y la escuela que ha querido representar el cristianismo siempre a puesto barreras para impedir el desarrollo del gran ideal: ideal transmitido a los profetas de la ley Divina; y no es cristiano el que opone obstáculos al progreso que inició Cristo en nuestros días, ¡No!.
El mártir del Gólgota no vino a levantar altares, vino a envolverlos con la esencia de la ciencia que es el aroma de Dios.
Vino a inspirarnos ese sentimiento de la fraternidad universal, porque él quería y deseaba la armonía social ¡Con la unión de todos los pueblos!
¡Con la intimidad de las almas! ¡Con la fusión de las inteligencias! ¡Con el amor de los espíritus!
Que el Espiritismo en nuestros días desenvuelve por medio de la comunicación de los que ayer llorábamos perdidos.
¡El Espiritismo es el gran mediador entre los hombres y el Ser Supremo!.
Los espíritus nos dicen que viven, y en la eterna vida del Espíritu, en su progreso indefinido, en su individualidad nunca perdida, se descubren horizontes infinitos que extasían el alma de placer.
¿Qué valen todas las oraciones que pronunciamos ante las mudas imágenes de los santos, con la invocación ardiente que hace el Espíritu atribulado en un momento de amargura recordando a su seres queridos perdidos al parecer en el caos de la tumba?.
Y en aquel instante de agonía suprema se escucha una voz amada que nos dice; no llores; eres culpable pero no eres reo de muerte, porque ningún hombre o mujer puede morir.
¡Trabaja si quieres ser grande!
¡Progresa si quieres ser justo!
¡Ama, ama y espera, que mundos y más mundos esperan tu llegada para que seas un ángel de redención!.
Ayer hablaban los espíritus en los templos, y les decían a un corto número de sacerdotes:
¡Instruid a los pueblos! ¡Moralizadlos! ¡Engrandecedlos!
Pero los ungidos del Señor, levantaron ídolos y formaron la ignorancia, y crearon el fanatismo religioso que tan tristes consecuencias les ha reportado a los pueblos.
Hoy, los espíritus están diseminados por el templo de la Creación y dicen:
¡Los muertos viven! ¡Resucitad vosotros, que si estáis vivos en la carne, estáis muertos en el Espíritu! ¡Despertad!
Que estáis aletargados con el opio del embrutecimiento.
El culto a las imágenes es necesario para ciertas almas, y cada cual debe tomar el alimento que pueda digerir; pero los espiritas tenemos derecho a demostrar que entre vestir una imagen gastando una fortuna en joyas para adornarla, o alimentar unos obreros sin trabajo, es más beneficioso y más racional el segundo que el primero; y algo ya se va comprendiendo en esta época.
Dejemos que cada hombre siga su rumbo y nosotros seguiremos el nuestro, dejemos que cada cual siga el suyo, que en la Creación todos tenemos derecho para manifestar lo que sentimos.
Nosotros reprobamos altamente cuando las masas populares exaltadas, e ignorantes, han cometido atropellos con las comunidades religiosas, ¡Buen modo de progresar! ¡Buen modo de implantar la libertad cohibiendo el derecho de reunión de los otros!
Lo que nosotros queremos es la tolerancia para todos.
Una era de paz vendrá, porque Cristo fue el precursor de ella.
Él representó en la Tierra el carácter sustancial de la verdad.
Él fue la luz del mañana.
Su predicación se repite en nuestros días, nuevos apóstoles anuncian la buena nueva, de todos los tiempos; ¡Esa moral Purísima que nos conduce a Dios!.
El Espiritismo es el encargado actualmente de hablar a la humanidad; pues bien, que la iglesia es la asamblea de todos los hombres virtuosos, de todos los espíritus amantes de la justicia, para pertenecer a ella no se necesita otro noviciado que el sentimiento de lo justo, ni otro signo exterior que la bondad de las obras.
El Espiritismo anuncia que Dios es el padre de todos los seres inteligentes y libres, la bondad infinita y la justicia absoluta, y que ninguno de sus hijos serán jamás excluidos de su amorosa providencia; más para acercarnos a Él, hemos de ser justos y buenos.
Anuncia que es la ley de la Creación, La redención universal depende del uso de la libertad de cada uno.
Son redentores de la humanidad los elevados espíritus que con la palabra y el ejemplo inoculan en las generaciones humanas el amor y la justicia.
Anuncia que el único templo digno del Creador es la Creación.
Llegará el día en que todos sentirán esta verdad, y entonces la techumbre solamente será las estrellas y el infinito.
Anuncia que la redención, la justicia y la verdad, es la luz que ilumina a todo hombre que viene al mundo.
Ella es la divina antorcha de la conciencia.