AMAR AL PRÓJIMO COMO A SÍ MISMO.
Añadiendo, esta es toda la ley y los profetas.
Jesús quiso decir, que era menester que la ley de Dios recibiese su cumplimiento:
Es decir, que fuese practicada por toda la Tierra en toda su pureza, en todo su desarrollo y todas sus consecuencias.
Pero la misión de Jesús, no fue simplemente la de un legislador moralista, sin más autoridad que su palabra: vino a cumplir las profecías que anunciaron su venida, recibía su autoridad de la naturaleza excepcional de su Espíritu y de su misión Divina, vino a enseñar a los hombres que la verdadera vida no está en la Tierra sino en el Reino de los Cielos; a enseñarles el camino que conduce a ello, los medios para reconciliarse con Dios, y hacer presentir la marcha de las cosas futuras para el cumplimiento de los destinos humanos.
Sin embargo, no lo dijo todo, y sobre muchos puntos se limitó a dejar el germen de verdades que él mismo declara que no podrían aún ser comprendidas; habló de todo, pero en términos más o menos explícitos, porque para entender el sentido oculto de ciertas palabras, era preciso que ideas nuevas y conocimientos nuevos vinieran a dar la clave, y estas ideas no podían venir antes de cierto grado de madurez del Espíritu humano.
La ciencia debería contribuir poderosamente al nacimiento y al desarrollo de estas ideas, luego era preciso dar a la ciencia el tiempo para progresar.
El Espiritismo es la nueva ciencia que viene a revelar a los hombres, con pruebas irrecusables, la existencia y la naturaleza del mundo espiritual y sus relaciones con el mundo corporal; nos lo presenta, no como una cosa sobrenatural, sino al contrario, como una de las fuerzas vivas y que incesantemente obran en la naturaleza como el origen de una multitud de fenómenos incomprensibles hasta ahora y relegados por esta razón al dominio de lo fantástico y de lo maravilloso.
El Espiritismo es la clave que todo lo explica fácilmente.
La ley del antiguo testamento está personificada en Moisés, y la del nuevo en Cristo; el Espiritismo es la tercera revelación de la ley de Dios, pero no está personificada en ningún individuo; porque es producto de la enseñanza dada, no por un hombre, sino por los espíritus, que son las voces del cielo en todas las partes de la Tierra por multitud de innumerables intermediarios; viniendo cada uno a traer a los hombres el tributo de sus luces para hacerles conocer aquel mundo y la suerte que en él les espera.
Así como Cristo dijo: no vengo a destruir la ley sino a cumplirla; el Espiritismo dice también: no vengo a destruir la ley cristiana, sino a cumplirla.
No enseña nada contrario de lo que enseñó Cristo, pero desarrolla, completa y explica en términos claros para todo el mundo, lo que se dijo en forma alegórica; viene a cumplir en los tiempos predichos lo que Cristo anunció, y a preparar el cumplimiento de las cosas futuras.
Es pues, obra de Cristo, que él mismo preside, así como la regeneración que se opera, y prepara el reino de Dios en la Tierra, como igualmente lo anunció.
Ahora bien; ¿Se desprende de estas últimas palabras que los espiritistas creamos que son superiores a Cristo la multitud inmensa de coros de espíritus autores de la revolución espiritista?.
Si Allan Kardec asegura que es obra de Cristo y que él la preside
¿Cómo hemos de creer nosotros que la actual revelación es superior al que la dirige y ordena?.
¿Por qué los marineros hagan la maniobra en un buque se han de creer superiores al capitán que los manda y los conduce a buen puerto?.
¡No! bien claro lo dice Kardec, y bien claro lo dice el sentido común; por esto el Espiritismo es completamente inofensivo para todas las religiones (se entiende, el verdadero Espiritismo); porque a la sombra de este nombre se amparan muchas ideas antagónicas, amantes de destruir por el sólo gusto de derrumbar lo pasado, sin crear para el porvenir, y el verdadero Espiritismo no aspira a derribar los templos, porque una gran parte de la humanidad los necesitan todavía, porque antes de suprimirlos, se necesita levantar Universidades de libre enseñanza, academias y ateneos para obreros, asilos agradables y humanitarios para los niños huérfanos, hospitales y casas de salud alegres, con todas las condiciones que requiere la higiene para que en ellas se curen los enfermos y vivan los ancianos indigentes.
Es preciso construir grandes escuelas y que en ellas la instrucción sea gratuita y obligatoria, es indispensable moralizar la sociedad, armonizarlo todo; dulcificar nuestras costumbres; humanizar nuestros fieros instintos; desterrar de nosotros el profundo egoísmo que corroe lentamente la base del orden social; necesitamos huir de la envidia.
Hace falta crear una escuela de moral sublime, de virtud evangélica, de abnegación sin límites; y cuando la mayoría de los adeptos al Espiritismo, se distingan por su amor, su tolerancia y su ardiente caridad; los hombres sin violencia, sin esfuerzo alguno aceptarán el Espiritismo como aceptarían cualquier creencia que los consolara, que los regenerara, que los engrandeciera, que les diera los conocimientos suficientes para saber de donde vienen y a donde van; y como el Espiritismo nos dice y nos prueba de donde venimos, porqué sufrimos y a donde iremos por ley natural; como es la doctrina más consoladora y más racional que hasta ahora se ha conocido, por esto auguramos que el Espiritismo será la religión del porvenir, pero lo será por consecuencia lógica, por el cumplimiento inevitable de la ley del progreso, y no por la violencia, no por el abuso, no por la guerra que emprendamos con las demás religiones, porque no tenemos derecho a provocar la lucha:
¿Qué son las religiones?