Amalia Domingo Soler

LA ÉPOCA DE MOISÉS Y CRISTO

Imagen de una flor

Y como la Tierra no es la única morada de la vida, del pensamiento y de la libertad, ni la humanidad terrestre la humanidad universal; el Espiritismo proclama la unidad de origen y los destinos de todas las criaturas racionales diseminadas en los infinitos mundos del Espacio.

Proclama que así como las orbes se transmiten recíprocamente su luz, las humanidades que en ellos moran se transmiten los efluvios de su pensamiento y voluntad.

Con la luz de los soles nos llega la inspiración de las almas puras.

Para ellas la libertad no tiene más límite que la Omnipotencia de Dios.

Son los dichosos mensajeros de la revelación Divina.

Proclaman por último, que la vida sobre la Tierra no es sino una jornada de la vida perenne de los espíritus.

Nuestro destino es ascender, ascender siempre por la libertad y la justicia.

Hemos de visitar todas las ciudades donde tenemos hermanos, para abrazarlos y estrechar los fraternales vínculos.

¿A qué edificar Dios esos mundos y ciudades y ponerlas a nuestra vista si no habíamos de visitarlas? ¿A qué darnos hermanos si no hubiésemos de conocerlos, amarlos y constituir con ellos una familia?.

La constitución de esta universal familia por el triunfo de la verdad, de la justicia y del amor es el ideal del Espiritismo y su suprema aspiración.

Aún los errores nos oprimen y ofuscamos los entendimientos; aún prosperan entre nosotros la falsía, la mentira y el orgullo; aún hay corazones que destilan odio, aún abundan las conciencias rebeldes que se desentienden, hijos ingratos que niegan al padre de quien han recibido la luz, la vida y la libertad; pero, ¿No venimos de las manos de Dios?

¿No somos, vivimos y nos movemos en Él?

¿Acaso podemos huir de su regazo y emanciparnos de su paternal tutela? ¿Adonde iremos que Dios no esté con nosotros, dónde podremos escondernos de su bondad? ¡En ninguna parte, en ningún paraje, en ningún lugar puede el hombre ocultarse huyendo de Dios! ¡Dios está con él, en el santuario de su conciencia!.

La eterna mirada del gran Ser, al fijarse en nuestra cuna, se fija simultáneamente en nuestra tumba, y al disgregarse nuestra envoltura, nuestro Espíritu encuentra a ese mentor divino que le dice: Reanuda de nuevo tu tarea, emprende animoso tu interrumpida jornada, obrero del progreso pide, trabajo a las fábricas del infinito, que todos los mundos son creados para ti.

¡Cuan grande es el porvenir del Espíritu!

Ante este porvenir espléndido ¿Qué son las religiones con su pequeño cielo y sus regiones sombrías? ¡Menos que gotas de rocío en las orillas del mar! ¡Menos que granos de arena ante los mundos del infinito!

La humanidad es la primogénita de los siglos; sus primeros pasos han sido las religiones; que todos los niños cuando comienzan a andar se caen y se levantan repetidas veces.

Mas la humanidad dejará de ser pequeñita, dejará de tropezar y caer, y joven y vigorosa, se entregará al estudio de la ciencia y en la ciencia encontrará los atributos de Dios.

Los espiritistas creemos en un solo Dios, inteligencia suprema, causa primera de todas las cosas, infinito, incomprensible en su esencia inmutable, inmaterial, Omnipotente, soberanamente justo, bueno y misericordioso.

Creemos que este Ser que reúne en sí todos los atributos infinitamente perfectos, es el Dios de toda la eternidad.

Creemos que Dios ha hecho al hombre para que le comprenda y le ame, gozando cuando lo haya merecido, de la felicidad celeste.

Creemos que Dios ha impuesto a la Creación una ley inalterable: “El Bien”.

Creemos que la adoración a Dios es amando y practicando el bien.

Creemos que Dios no exige que el hombre profese determinada religión, sino que sea humilde y bueno, y sobretodo que ame a su prójimo como a sí mismo.

Creemos que para adorar a Dios, el mejor altar es el corazón del hombre y su mejor culto una moral intachable.

Creemos que entre todos los espíritus mandados a la Tierra con misiones divinas, Jesús, fundador del cristianismo, es quien ha enseñado la moral más pura que consta en muchas de sus predicaciones en los Evangelios.

Creemos en la existencia del alma o Espíritu, Ser inmaterial, inteligente, libre de acciones, e inmortal y estrictamente responsable ante Dios.

Creemos que cada Espíritu va progresando según sus obras.

Creemos que en el espacio hay infinidad de mundos habitados por seres pensadores, sometidos como nosotros a la ley del progreso universal e infinito que conduce a Dios.

Creemos en la pluralidad de las existencias del alma, o lo que es lo mismo, en la reencarnación del Espíritu en mundos adelantados o de inferioridad según se encuentre, recorriendo así una escala progresiva en el camino de su perfección.

Creemos que la comunicación con los espíritus desencarnados es útil para la enseñanza de la humanidad, porque revela al hombre sus futuros y eternos destinos y las leyes a que están sujetos, teniendo por consiguiente, un carácter moralizador en alto grado; es consoladora porque garantiza a los que sufren y se aman, cómo reunirse en mundos mejores si lo merecen; porque revelan al hombre multitud de acciones desconocidas de la naturaleza, que provocan los desencarnados al manifestarse.

Creemos, por último, que el Espiritismo como ciencia consagrada a tan transcendentales estudios, está llamado a regenerar el mundo, inculcando en el corazón del hombre las sublimes verdades que enseña.

El Espiritismo no aspira a destruir lo existente, lo que anhela es moralizar la humanidad.

A los pueblos que viven estacionados no se les puede quitar sus altares, porque no sabrían donde guarecerse las multitudes atribuladas, lo que debe hacerse es levantar grandes centros de instrucción gratuita y obligatoria.

Al hombre no se le puede obligar a que deje a sus dioses, pero sí se le debe obligar a instruirse y moralizarse; y cuando las humanidades estén más instruidas y por lo tanto más adelantadas, no necesitará ningún determinado paraje para rezar; porque cada cual lo hará en el sagrado templo de su conciencia.

Los buenos espíritus no se imponen, no coartan la voluntad de nadie; si se impusieran como dice la Iglesia, que fuera de su credo no hay salvación; entonces sería el Espiritismo una nueva secta con su formalismo, una nueva imposición tan pequeña como las demás religiones; pero el Espiritismo es más racional, es más armónico, él, lo que únicamente dice, que fuera de la caridad no hay salvación; aconsejando al hombre que estudia, que no se conforma con la aparente muerte del cuerpo; que hay algo que vive más allá de la tumba, que el Espíritu siente, piensa y quiere sin perder en el transcurso de los siglos su eterna individualidad.

Etiquetado , , ,