Jesús no fundó la Religión del Calvario para dominar a pueblos y reyes, sino para liberar a las almas del yugo de la materia y predicar con la palabra y el ejemplo.
Jesús nunca escribió nada; sus palabras escuchadas por los caminos que recorría, han sido transmitidas de boca en boca durante los primeros trescientos años después de su muerte.
Poco a poco se fue formando durante los primeros siglos una tradición religiosa popular, ésta ha ido transformándose continuamente a través de los tiempos; alejándose cada vez más de su punto de partida, realizando un poderoso trabajo de imaginación.
Durante los primeros cincuenta años, la tradición cristiana se mantiene, se vive y se enseña con toda su pureza.
Esto se realiza por los seguidores de los apóstoles, hombres humildes y sencillos pero iluminados por el pensamiento del Maestro.
Los primeros escritos aparecen entre los años 60 y 80 d.C.
Primero las de Marcos y después las atribuidas a Mateo y Lucas, y finalmente a primeros del siglo siguiente, aparece en Éfeso el Evangelio de Juan.
Estos Evangelios, haciéndole algunos retoques fueron los únicos aceptados por la Iglesia, a pesar de existir un número mucho mayor; que fueron declarados apócrifos, y aún estos cuatro evangelios, la Iglesia no encontró a los autores de estos evangelios, por esto se dice: Evangelio según…¿Por qué fueron rechazados los otros documentos evangélicos, declarados apócrifos y herejes?
Su contenido desmentía los argumentos que estaban utilizando aquellos que en el siglo III imprimieron y dieron al Cristianismo un rumbo que se alejaba cada vez más de sus prácticas iniciales, y los que continuaron practicando y creyendo en los enseñamientos del Maestro, fueron declarados herejes, perseguidos y desterrados.
Rechazaron las prácticas cristianas declarándolas herejía, para crear tres grandes religiones en las cuales el pensamiento de Cristo está oculto, sepultado como en una tumba bajo los dogmas y las prácticas anticristianas.
Los primeros apóstoles enseñaban la paternidad bondadosa y amorosa de Dios y la fraternidad humana.
Imponían la necesidad de reconocer nuestras faltas y repararlas.
Así nació una moral y una enseñanza que atraía numerosos seguidores alrededor de los discípulos de Cristo.
En aquella época todos los apóstoles, a excepción de Juan y Felipe habían muerto.
La unión de los cristianos todavía era muy débil.
Formaban pequeños grupos separados unos de otros y se les conocía con el nombre de iglesia, dirigidas por un obispo nombrado por ellos mismos.
Cada iglesia tomaba sus propias decisiones y sólo tenían para orientarse algunos manuscritos, sin saber quien los había escrito, que resumían, con más o menos claridad los actos y las palabras de Jesús que cada obispo interpretaba según su entendimiento.
Así surgieron nuevas corrientes y confusas doctrinas que fueron bien aceptadas por algunas comunidades religiosas, despertando la ambición y el deseo del poder de sus obispos, que sin ningún escrúpulo, mancharon la pureza del Cristianismo.
Los apóstoles fueron recorriendo el pequeño mundo de entonces, y de ciudad en ciudad fueron formando grupos de cristianos a quienes les revelaban los principios fundamentales del Cristianismo.
Los Evangelios, escritos en una época difícil, se acentúan con las diferentes interpretaciones que cada iglesia da a los escritos que ella tiene.
Grandes disputas dogmáticas empiezan a dividir el mundo cristiano y provocan enfrentamientos sangrientos; es entonces cuando Teodosio da supremacía al papado imponiendo la autoridad del obispo de Roma.
Así quedó reprimido el pensamiento creador de otras corrientes religiosas.
Ya se había discutido y aprobado en el Concilio de Nicea del año 325, sobre la naturaleza de Jesús, y aún así unos admitían y otros rechazaban su divinidad.
Es en el año 384 cuando el papa Dámaso le confía a S. Jerónimo la misión de ordenar y traducir los Evangelios.