José Aniorte Alcaraz

LA PUREZA DEL CRISTIANISMO

José Aniorte

No es un sentimiento de hostilidad el que me ha llevado a escribir estas páginas.

No tengo ningún sentimiento de reproche contra ninguna persona que piense de diferente forma o tenga una creencia distinta a la mía, sean cuales fuesen los errores o faltas cometidas por aquellos que se escudan en Jesús y su doctrina para justificar sus faltas.

El pensamiento de Cristo me inspira y despierta en mí un sentimiento de profundo respeto y de sincera admiración, para mí es mi amigo, mi hermano, mi padre y mi Dios.

Es la imagen venerable y sagrada entre todas, es la imagen del inocente, del Crucificado del Calvario, la del Mártir clavado en el madero de la infamia, herido y coronado de espinas, que en su agonía perdona a sus verdugos.

La Iglesia Católica, presenta esta imagen con un lujo aparatoso que hiere a los sentidos, todas esas manifestaciones del arte, la pompa del ritual romano y el esplendor de las ceremonias, es como un velo brillante que oculta la pobreza de la idea y la insuficiencia de la enseñanza.

Es una demostración de su impotencia para satisfacer las necesidades del alma.

La ambición y el deseo de poder han conducido a la Iglesia por la senda de las manifestaciones exteriores y materiales.

La doctrina Cristiana es por excelencia la doctrina del amor, de la verdad, de la misericordia, de la fraternidad entre todos los hombres, de la paz y la no violencia.

Ésta es la doctrina o religión que Jesús el Nazareno nos enseñó.

Tenemos que conocer nuestra verdadera naturaleza y la ley de nuestro destino progresivo.

Es necesario extraer de la sombra de las edades y de la confusión de los textos y de los hechos de la idea maestra, pensamiento de vida que es el manantial puro, el foco intenso y radiante del Cristianismo.

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