José Aniorte Alcaraz

LA PUREZA DEL CRISTIANISMO

Este trabajo presentaba grandes dificultades; había tantas versiones como copias. Él estaba verdaderamente aterrado ante la responsabilidad que le había dado el papa.

La infinita variedad de textos le obligaban a elegir y a profundas modificaciones.

San Jerónimo escribe al Papa así: “Queréis que, en cierto modo, yo me elija como arbitro entre los ejemplares de los Evangelios que están dispersos por todo el mundo y como difieren entre sí, que yo distinga aquellos que tienen más autenticidad. Realizo este trabajo porque Vos que sois el Soberano Pontífice, me ordenéis a hacerlo; y porque la verdad no puede existir en cosas que difieren, aún cuando tuviesen en su favor la aprobación de los malos. También sé que me acusarán de falsario y sacrílego porque me habré atrevido a añadir, a corregir y a cambiar algo de lo que ya estaba escrito”.

Esta traducción que debía ser la definitiva fue sin embargo, modificada en diferentes épocas por orden de los pontífices romanos.

En el año 1546 se aprobó una nueva religión en el Concilio Ecuménico de Trento, que fue declarada errónea por Sixto V en 1590. Después fue corregida nuevamente por Clemente VIII.

Y esta nueva edición es aún la que hoy está en uso.

Después de tantos retoques e interpretaciones no han podido oscurecer los textos primitivos de los evangelios.

La palabra de Cristo resplandece en ellos poderosamente, toda duda desaparece ante la irradiación de su personalidad sublime.

En ellos se revela la presencia de un gran Espíritu; en la pureza de sus enseñanzas, unida a la belleza moral y al amor bondadoso que siente por la humanidad; esta conducta sólo puede ser obra de un enviado celestial.

En todos los siglos han existido hombres que iluminados por una luz interior han luchado y dado su vida por dar a conocer la verdad, por apartar el ideal cristiano, de las sombras acumuladas a su alrededor.

Iluminados por una Chispa Divina estos hombres y mujeres han enfrentado todas las acusaciones, todos los suplicios, para afirmar y revelar lo que ellos creían ser la verdad.

Su heroísmo les costó la vida y hoy desde el Espacio sostienen e inspiran a los que luchan por esta causa.

Gracias a este esfuerzo heroico las tinieblas empiezan a disiparse y ya despunta la aurora del Cristianismo Universalista.

Cristo quería que el Reino de Dios y su justicia se practicara en este mundo, y ese fue el ideal de los primeros Cristianos, pero los obispos, de humildes adeptos, de modestos vigilantes que eran en un principio, se convirtieron en poderosos autoritarios.

Así quedaron constituidas las bases de la Religión Católica Romana, ellos pusieron la luz debajo del celemín, con lo cual la luz se apagó.

El pensamiento profundo y cristiano desapareció.

Los símbolos materiales tuvieron gran relevancia, y con esa oscuridad fue mucho más fácil gobernar a las multitudes.

Se dejó de explicar las verdades del Cristianismo, para dejar a las masas sumidas en las sombras de la ignorancia.

Se persiguió como herejes a los pensadores; a los investigadores sinceros que se esforzaban por recuperar las verdades perdidas.

Con la caída del Imperio Romano, el mundo quedó sumido en las tinieblas, cada vez más densas.

La creencia en Satán, en el Infierno y las aterradoras amenazas que continuamente hacía la Iglesia, influyeron mucho en la fe cristiana.

La religión del amor predicada por Jesús, fue reemplazada por la religión del miedo y las penas eternas, y el verdadero Cristianismo fue oscurecido por unas creencias supersticiosas, muy lejanas de la realidad y del mensaje amoroso del Nazareno.

Con la llegada del Consolador Prometido, que es una nueva revelación, científica, filosófica y religiosa, el Espiritismo viene a disolver las sombras que durante siglos han oscurecido la doctrina de Jesús: la doctrina de los espíritus es la misma, es la doctrina del amor.

Con el Espiritismo llega la luz y las sombras del misterio desaparecen; el mundo de los espíritus abre sus puertas y se comunica con nosotros, el Más Allá nos revela con pruebas que la muerte no existe, y nos dice: “no os engañéis el mundo de la verdad y de la vida que piensa y siente, está aquí, éste es el mundo verdadero. No hay misterios porque la reencarnación lo explica todo”.

La ley de la reencarnación está expresada en varios pasajes de los Evangelios. Debe ser considerada bajo dos aspectos diferentes; la vuelta a una nueva vida de los espíritus en vías de perfeccionamiento y el regreso de espíritus para cumplir una misión.

En su conversación con Nicodemo Jesús se manifiesta así: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el Reino de Dios, Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo?¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer? Responde Jesús: de cierto te digo que el que no naciere de agua y espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios.

Lo que es nacido de la carne, carne es y lo que es nacido del Espíritu, Espíritu es. No te maravilles de lo que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere y oye su sonido; mas ni sabes de donde viene ni a donde va; así es aquel que es nacido del Espíritu”.(San Juan 3: 3 al 8).

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