Cualquiera que se tome el trabajo de estudiar la ciencia espírita, jamás se dejará seducir por esos bellos sueños; sabe a qué atenerse sobre el poder de los Espíritus, acerca de su naturaleza y sobre el objetivo de las relaciones que el hombre puede establecer con ellos.
Recordemos primeramente, y en pocas palabras, los puntos principales que nunca es preciso perder de vista, porque son como la clave de la bóveda del edificio.
1º) Los Espíritus no son iguales ni en poder, ni en conocimiento, ni en sabiduría. Al no ser sino las almas humanas despojadas de su envoltura corporal, presentan una variedad mayor que la que encontramos entre los hombres en la Tierra, porque vienen de todos los mundos y porque, entre los mundos, la Tierra no es la más atrasada ni la más adelantada. Por lo tanto, hay Espíritus muy superiores y otros muy inferiores; los hay muy buenos y muy malos, muy sabios y muy ignorantes; existen Espíritus ligeros, maliciosos, mentirosos, astutos, hipócritas, jocosos, espirituosos, burlones, etc.
2°) Incesantemente estamos rodeados por un enjambre de Espíritus que, por ser invisibles a nuestros ojos materiales, no por eso dejan de estar en el espacio, a nuestro alrededor, a nuestro lado, espiando nuestras acciones, leyendo nuestros pensamientos, unos para hacernos el bien, otros para hacernos mal, según sean más o menos buenos.
3°) Por la inferioridad física y moral de nuestro globo en la jerarquía de los mundos, los Espíritus inferiores son más numerosos que los Espíritus superiores.
4°) Entre los Espíritus que nos rodean, están los que se vinculan a nosotros, que actúan más particularmente sobre nuestro pensamiento, aconsejándonos, y cuyo impulso seguimos sin darnos cuenta; felices de nosotros si escuchamos solamente la voz de los que son buenos.
5°) Los Espíritus inferiores sólo se vinculan a aquellos que los escuchan, junto a los cuales tienen acceso y a los cuales se aferran. Si consiguen tener dominio sobre alguien, se identifican con su propio Espíritu, fascinándolo, obsesándolo, subyugándolo y conduciéndolo como si se tratara de un niño.
6°) La obsesión jamás tiene lugar a no ser por Espíritus inferiores. Los Espíritus buenos no hacen sentir ningún constreñimiento; ellos aconsejan, combaten la influencia de los malos, y si no se los escucha se retiran.
7°) El grado de constreñimiento y la naturaleza de los efectos que produce, marcan la diferencia entre la obsesión, la subyugación y la fascinación.
La obsesión es la acción casi permanente de un Espíritu extraño, que hace conque alguien sea solicitado por una necesidad incesante de obrar en tal o cual sentido y de hacer tal o cual cosa.
La subyugación es una opresión moral que paraliza la voluntad del que la sufre, y lo impulsa a los actos más irracionales y, a menudo, más contrarios a sus intereses.
La fascinación es una especie de ilusión producida, ya sea por la acción directa de un Espíritu extraño o por sus razonamientos capciosos, ilusión que engaña sobre las cosas morales, falsea el juicio y hace tomar el mal por el bien.