Allan Kardec, Revista Espírita 1858 Periódico de Estudios Psicológicos

OBSESADOS Y SUBYUGADOS

Como es bueno poner el ejemplo al lado de la teoría, vamos a relatar la historia de una persona conocida nuestra que estaba bajo el dominio de una fascinación semejante.

El Sr. F…, joven instruido, de esmerada educación, de un carácter dúctil y benevolente, pero un poco débil y sin una marcada resolución, se volvió un hábil médium psicógrafo con mucha rapidez.

Obsesado por el Espíritu que ejercía dominio sobre él y que no le daba reposo, escribía sin cesar; cuando una pluma o un lápiz caía en su mano, era tomado por un movimiento convulsivo y se ponía a llenar páginas enteras en algunos minutos.

A falta de instrumento, hacía el simulacro de escribir con su dedo, en cualquier parte donde se encontrase: en la calle, en las paredes, en las puertas, etc.

Entre otras cosas que le eran dictadas, estaba ésta:

Como consecuencia de esta bella teoría, ellos lo han hecho ayunar durante cinco días consecutivos y velar a la noche.

Cuando estaba extenuado, le dijeron:

«Ahora ya está, el lazo se ha quebrado; tu mal Espíritu ha partido, sólo quedamos nosotros en quien debes creer sin reservas».

Y él, persuadido que su mal Espíritu había huido, tuvo una fe ciega en todas sus palabras.

La subyugación había llegado a tal punto que si ellos le hubieran dicho que se tirase al agua o que partiera hacia las antípodas, él lo hubiera hecho.

Cuando querían mandarlo hacer algo que le repugnaba, se sentía arrastrado por una fuerza invisible.

Damos una muestra de su moral, por la cual podrá juzgarse el resto.

«Para tener las mejores comunicaciones es necesario primeramente orar y ayunar durante varios días, unos más, otros menos; este ayuno afloja los lazos que existen entre el yo y un demonio particular ligado a cada ego humano. Este demonio está ligado a cada persona por la envoltura que une el cuerpo y el alma. Esta envoltura, debilitada por la falta de alimentación, permite a los Espíritus arrancar ese demonio. Entonces, Jesús desciende al corazón de la persona poseída, en lugar del mal Espíritu. Ese estado de poseer a Jesús en sí es el único medio de alcanzar toda la verdad y muchas otras cosas.

«Cuando la persona ha logrado reemplazar al demonio por Jesús, no tiene todavía la verdad. Para tener la verdad, es preciso creer; Dios nunca da la verdad a los que dudan: sería hacer algo inútil, y Dios no hace nada en vano. Como la mayoría de los nuevos médiums dudan de lo que dicen o escriben, los Espíritus buenos son forzados –a pesar suyo– por orden formal de Dios, a mentir, y no tienen más remedio que mentir hasta que el médium esté convencido; pero cuando él cree firmemente en una de esas mentiras, enseguida los Espíritus elevados se apresuran a revelarle los secretos del cielo: toda la verdad disipa en un instante esa nube de errores conque habían sido obligados a cubrir a su protegido.

«Llegado a este punto, el médium no tiene nada más que temer; los Espíritus buenos jamás lo dejarán.

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