Amalia Domingo Soler

¡LOS MUERTOS VIVEN!

Las metamorfosis que el progreso opera en los espíritus, en los cuerpos y en los mundos, no las puede sumar ningún hombre de la Tierra.

¡El infinito nos envuelve, y en el infinito hemos de vivir, engrandeciendo nuestro Espíritu y perfeccionando nuestra envoltura, que el progreso es la gracia santificante que a sus hijos les concede Dios!

Nosotros reprobamos altamente cuando las masas populares exaltadas e ignorantes, han cometido atropellos con las comunidades religiosas.

¡Buen modo de progresar! ¡Buen modo de implantar la libertad cohibiendo el derecho de reunión de los otros!

Lo que nosotros queremos es la tolerancia para todos; no creemos que sean necesarias las religiones oficiales, pero tampoco deseamos, que se toque una sola piedra de los templos del ayer ¿Por qué? ¿Con qué derecho? Nadie debe destruir lo que la fe levantó.

El tiempo, más sabio que nosotros, así como nos da las flores en la primavera y los frutos en el verano, del mismo modo destruirá los templos cuando bajo sus bóvedas los hombres nada tengan que pedir a Dios; porque tendrá cada cual en su conciencia un santuario, y con sus buenas obras elevarán sus preces al Eterno.

Estamos conformes en que Jesús ha sido uno de los mediadores que ha habido entre Dios y la humanidad, como antes de Él lo fueron Cristna, Abraham y Moisés, como lo han sido todos los espíritus fuertes, grandes en la lucha, y heroicos en la prueba, como lo han sido todos los obreros leales, todos los buenos trabajadores, que han aprovechado todas sus existencias sin desperdiciar en el ocio ni un solo punto de segundo.

Jesús, en los tiempos modernos es la primera figura del cuadro erosiológico de la vida, de la vida del sentimiento y de la abnegación, del sacrificio y del martirio.

Él vino a establecer la concordia y a prestar la grandeza de la humildad, y es el mediador de nuestros días, porque ha sido el maestro de los filósofos y de los mártires, y hoy vela por la filosofía de los tiempos.

Desgraciadamente el enviado de Dios no fue comprendido; y la escuela que ha querido representar al Cristianismo siempre ha puesto barreras para impedir el desarrollo del gran ideal del omnipotente: ideal trasmitido a los profetas de la ley divina; y no es cristiano el que opone obstáculos al progreso que inició Jesús en nuestros días.

El mártir del Gólgota no vino a levantar altares, vino a envolvernos con la esencia de la ciencia, que es el aroma de Dios.

Vino a inspirarnos ese delicado sentimiento de la fraternidad universal, porque Él la quería y soñaba:
¡Con la armonía social!
¡Con la unión de los pueblos!
¡Con la intimidad de las almas!
¡Con la fusión de las inteligencias!
¡Con el amor de los espíritus! Que el Espiritismo en nuestros días, desenvuelve por medio de la comunicación de los que ayer llorábamos perdidos.

¡Oh! ¡El Espiritismo es el gran mediador entre los hombres y el Ser Supremo! Los espíritus nos dicen que viven, y en la eterna vida del Espíritu, en su progreso indefinido, en su individualidad nunca perdida se descubren horizontes infinitos que extasían el alma de placer.

¡Qué valen todas las oraciones que pronunciamos ante las mudas imágenes de los santos, con la invocación ardiente que hace el Espíritu atribulado en un momento de amargura, recordando a sus seres queridos perdidos al parecer en el caos de la tumba!

Y en aquel instante de agonía suprema se escucha una voz amada que nos dice:

“No llores, eres culpable, pero no eres reo de muerte, porque ningún hombre puede morir”.

“¡Trabaja si quieres ser grande!”

“¡Progresa si quieres ser justo!”

¡Ama, ama, y espera si quieres ser santo; que mundos y más mundos esperan tu llegada para que seas un ángel de redención!

¡Qué son las religiones de la Tierra con sus pequeñitos cielos, con sus inverosímiles infiernos, comparadas con esa religión del infinito en la cual nos inicia el Espiritismo!

Él ha sido el mediador entre Dios y los hombres de todas las épocas.

Ayer hablaban los espíritus en los templos, y les decían a un corto número de sacerdotes: ¡Instruid a los pueblos! ¡Moralizadlos! ¡Engrandecedlos!
¡Llevadlos hasta Dios! Pero los ungidos del Señor, levantaron ídolos, formaron la ignorancia, y crearon el fanatismo religioso con su fatal estacionamiento, que tan tristes consecuencias les ha reportado a los pueblos.

Hoy, los espíritus están diseminados por el templo de la Creación, y dicen a los doctos y a los indoctos: ¡Los muertos viven! ¡Resucitad vosotros, que si estáis vivos en la carne, estáis muertos en el Espíritu! ¡Despertad! Que estáis aletargados con el opio del embrutecimiento.

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