Amalia Domingo Soler

¡LOS MUERTOS VIVEN!

Pitágoras es más sabio que el dios dogmático; porqué Pitágoras demostró leyes eternas, y el dios de la teología no es eterno en sus leyes, puesto que crea excepciones, y razas impecables, que son los misterios de las religiones.

Sabido es que no hay escuela en la Tierra que no tenga su error, porque la sabiduría absoluta sólo Dios la posee.

El hombre hace trabajar su imaginación, educa su entendimiento, perfecciona en lo posible su penetración, eleva y sublima sus ideas, hace cuanto puede por engrandecerse, por espiritualizarse, por comprender algo de lo que le rodea, y después de pedir a la ciencia y a su razón un átomo de luz, si es un Espíritu en buenas condiciones, dice al morir lo que dijo Sócrates:

“No sé más que una cosa, y es que lo ignoro todo”.

¿Qué decía Solón? Que “envejecía aprendiendo”, y próximo a la muerte mandó que le leyeran repetidamente algunos versos “a fin de morir más instruido”.

Las palabras de estos grandes hombres demuestran que el sabio más profundo encuentra un vacío inconmensurable entre Dios y la humanidad; en la Tierra no hay más que deducciones más o menos lógicas; las afirmaciones absolutas sólo puede hacerlas Dios.

La escuela espiritista, no pretende haber dicho la primera palabra, ni cree haber pronunciado la última.

La primera se pronunció en la noche del tiempo:
¡Cuando el hombre se conmovió al ver los restos inanimados de un ser querido!
¡Cuando la humanidad supo llorar!
¡Cuando se despertó su sentimiento! Entonces quizá resonó en su oído una voz misteriosa que le dijo: ¡Espera!

La primera palabra del Espiritismo pertenece al pasado; la última… pertenece a Dios; y en la actualidad, el Espiritismo es una escuela filosófica racionalista que se entrega al estudio de los grandes problemas de la preexistencia y existencia, y vida futura del Espíritu; sin que por esto, sus teorías lleven el sello del “non plus ultra”.

Lo único que lleva el sello de una verdad innegable, es la comunicación de los espíritus.

¡Los muertos viven! Sí; ¡Los muertos viven! Su voz ha resonado en todas las latitudes de la Tierra; y los espíritus han dado comunicaciones, en los templos y en los presidios, en los palacios y en las chozas humildes; y los ateos, y los creyentes, y los más sabios, y los más ignorantes, todos han escuchado los ecos del más allá; ecos que repiten las palabras de los que se fueron.

La comunicación ultra-terrena es una verdad; el Espiritismo se funda en ella; su base es firme, porque los hechos no se pueden destruir; y no hay teólogo en el mundo, no hay sabio en la Tierra, que pueda ahogar la voz de los espíritus.

En épocas de terror, podrán perseguirse y aun quemarse a los propagadores de la vida infinita.

¿Y qué? ¿Qué destruyó la Santa Inquisición con sus actos de fe? Unos cuantos cuerpos; pero quedó la parte indestructible, quedaron los espíritus, que prosiguieron su incesante trabajo.

¿Quiénes son los espiritistas racionalistas?

¿Quiénes son los libre-pensadores que sueñan con un porvenir mejor?

Son los reformadores de ayer, son las víctimas de la intolerancia clerical de los pasados siglos; son los hombres que regaron este mundo con su sangre generosa, y cuyas cenizas abonarán la tierra endurecida, y hoy encuentran los surcos trazados, para en ellos arrojar la semilla del progreso universal.

¿Qué es la tradición religiosa?
¡Es el cronista de los grandes errores de los pueblos!
¡Es el báculo que sostiene el paso vacilante de todos los absurdos!
¡Es la anciana decrépita que vive a través de los siglos!
¡Es la hija predilecta de la ignorancia!
¡Es la impostura de todas las edades!
¡Es la sombra que pretende cubrir con sus nieblas el espléndido sol de la verdad!
¿Hay Dios?

Todo en la creación dice que sí; y cada escuela lo define a su manera.

Las religiones pintan un dios pequeño al alcance de la idea del hombre, y el racionalismo, en cambio, dice que Dios es el alma de la naturaleza, que no se le puede definir, que sólo la ciencia podrá comprender algo de la divina causa cuyos efectos se encuentran en la hormiga que forma su granero; en la violeta que se oculta entre las hojas para exhalar su delicado perfume; en la luminosa inteligencia del hombre y en los mundos que giran en el éter obedeciendo las leyes eternas de la Creación.

Los espiritistas creemos que el Espíritu es un volumen en blanco cuando Dios lo crea, y el progreso es el encargado de escribir sus páginas.

Dios ha creado los mundos del trabajo, no los mundos del dolor.

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